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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 876

Desde siempre, Eva había mantenido una imagen impecable y elegante ante todos.

Jamás se humillaba para ganarse la compasión de alguien, ni fingía ser débil para buscar lástima.

A los ojos de todos, Eva era esa diosa resplandeciente, segura, como si nada en el mundo pudiera derribarla.

¿En qué momento alguien la había visto tan frágil como ahora?

Los Ramos, padre e hijo, junto con Fidel y Nicolás, no pudieron evitar mostrar una expresión de preocupación y dolor.

Incluso en el rostro de Rocío se dibujó un gesto de remordimiento y culpa.

En ese instante, las pestañas de Eva temblaron levemente y abrió los ojos con lentitud.

Martín, Federico y, tras ellos, Fidel y Nicolás, hicieron a un lado a Sabrina, que acababa de llegar, y se acercaron rápidamente.

—Eva, ¿estás bien? —preguntaron, el corazón en un puño.

Sabrina, empujada por la prisa de los hombres, casi perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer.

Fue entonces cuando una mano blanca, larga y delicada la sostuvo justo a tiempo.

Sabrina giró la cabeza y vio que era Hache.

—Gracias —susurró, con un tono apenas audible.

Sebastián soltó su mano enseguida, sin mirarla a los ojos, y permaneció en silencio. Su actitud ahora se sentía mucho más distante que antes.

De pronto, Sabrina notó una mirada clavada en ella.

Siguió esa sensación y descubrió que Rocío la observaba fijamente, sin parpadear.

Sabrina comprendió de inmediato.

Tal vez Hache y Rocío ya habían definido algo entre ellos, y él no quería que Rocío malinterpretara la situación.

Tras recobrar la conciencia, Eva notó las miradas preocupadas de todos y habló con debilidad:

—No se angustien, estoy bien, de verdad.

Nicolás, visiblemente alterado, reviró:

—Eva, ¡estabas a punto de perder la mano! ¿Cómo vas a decir que todo está bien? ¡Tú tocas el violín, pintas y hasta corres carreras! ¡Las manos son tu vida! Además, nunca en tu vida habías pasado por algo así…

Y tenía razón. Eva había crecido como una princesa, cuidada y protegida, lejos de cualquier sufrimiento de ese tipo.

A pesar de la palidez de sus labios, Eva logró esbozar una sonrisa serena.

Con solo escuchar un nombre, él no dudaría en buscar venganza por Eva, aunque se equivocara de objetivo.

Eva soltó un suspiro resignado.

—Estoy segura. Además, esa persona ni siquiera venía por mí, sino por Rocío.

Eva nunca se metía en problemas ni hacía enemigos; era tan meticulosa en todo lo que hacía que difícilmente alguien podría odiarla. Rocío, en cambio, tenía un estilo mucho más directo y conflictivo, igualito a Ulises Hoyos, y era fácil que se metiera en líos.

Todos voltearon a ver a Rocío al unísono.

—Rocío, ¿es cierto eso? —preguntaron.

En realidad, todos los presentes sabían que las palabras de Fidel iban dirigidas a Sabrina. Si se hablaba de motivos, Sabrina era la principal sospechosa.

Sin embargo, Eva había tomado la iniciativa para explicar y defender a Sabrina.

Rocío también entendía que Eva había resultado herida por su culpa.

No le quedó más remedio que dejar sus sentimientos de lado.

—Así es —admitió Rocío—, esa persona en realidad venía por mí.

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