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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 882

—¿Vacaciones? Sabrina, aunque fuera solo por cortesía, deberías intentar convencer a Hache para que se quede, ¿no?

Daniela no se detenía. Su voz sonaba tan seria que Sabrina solo pudo suspirar en silencio.

—Además, ¿no te parece que Hache es increíble? Piénsalo, si quisieras contratar a alguien que fuera tu guardaespaldas, asistente y chofer, disponible las veinticuatro horas, con el nivel de Hache, te costaría cuando menos cincuenta mil pesos al mes, ¿verdad?

—Y encima, en sus ratos libres puede ayudarte a cuidar a los niños.

—A Romeo y Thiago les cae muy bien.

Daniela continuó enumerando:

—Si buscas a alguien solo para cuidar niños, el precio de mercado ya ronda más de diez mil pesos mensuales, y eso sin saber si le van a caer bien a los chicos.

—Sin contar que puede enseñarles a Thiago y Romeo a montar a caballo, disparar, y esas cosas.

—Si les consigues un maestro para eso, cada clase te sale en mil pesos o más.

—Y de vez en cuando, también te ayuda a ponerle un alto a tu ex, ¿qué más quieres?

Daniela miró a Sabrina con una sonrisa traviesa.

—La neta, aunque le paguemos cien mil pesos al mes a Hache, de todos modos salimos ganando.

En el fondo, ambas sabían que últimamente había demasiadas personas pendientes de Sabrina.

Araceli había vuelto a aparecer, y seguro que traía problemas bajo el brazo. Además, estaba Fidel, y ni hablar de los Ramos, que no perdían oportunidad de sacar provecho de cualquier cosa.

Sabrina guardó silencio unos segundos, mirando al vacío como si buscara respuestas en las paredes de la casa.

—La verdad, Daniela, noté que Hache anda muy bajoneado. Por eso pensé en dejarlo descansar un tiempo. Claro que podría intentar convencerlo, pero siento que nuestra vida aquí es demasiado sencilla para alguien como él. Daniela, ¿de verdad crees que Hache es un tipo común?

Daniela enmudeció.

Para ella, estaba clarísimo que alguien como Hache jamás podría ser una persona cualquiera. Si no fuera porque lo encontraron en el momento justo, con ese talento, podría cobrar un millón de pesos al año sin despeinarse.

Pasaron unos segundos antes de que Daniela soltara un suspiro.

—Te soy sincera, solo quería que se quedara por puro capricho mío.

Sabrina sonrió de lado.

...

En la casa de los Hoyos, Rocío marcaba y volvía a marcar el número de Sebastián. Nadie contestaba. Le enviaba mensajes y tampoco recibía respuesta.

El nerviosismo le empezó a apretar el pecho. ¿Y si Sebastián ya había descubierto que la persona en el jardín trasero no era ella?

Recordó la noche del concierto de Sabrina: Sebastián había estado en primera fila. ¿Lo habría notado ese día?

Pero no tenía sentido. Hache estaba día y noche con Sabrina; si hubiera notado algo raro, ya lo habría dicho.

Mientras su ansiedad crecía, el celular de Rocío sonó.

Su corazón dio un brinco. Pensó que era Sebastián y contestó de inmediato, pero al ver el nombre en la pantalla, se quedó paralizada un segundo.

Sin pensarlo demasiado, contestó.

La voz de un hombre, grave y con un tono seductor, retumbó al otro lado de la línea.

—Rocío, mañana llego a Cartagena.

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