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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 886

—Justo lo que platicamos con Eva, coincidió por completo —comentó Sabrina, entrecerrando los ojos.

Quedaba claro que quien estaba detrás de todo esto, iba directamente contra Rocío.

Sabrina no pudo evitar expresar su extrañeza.

—¿Araceli y Rocío tienen algún pleito grave? —preguntó, con el ceño fruncido.

Aún no sabía que ambas, por culpa de Sebastián, habían terminado como perro y gato, sin posibilidad de reconciliación.

André se encogió de hombros.

—La verdad, no tengo claro el motivo, pero sé que Rocío y Eva fueron a visitar a Araceli cuando estaba presa, y hasta la sacaron bajo fianza.

Tal vez llegaron a algún acuerdo y después acabaron peleadas, quién sabe.

Sabrina lo miró con atención.

—Fidel me dijo que destruyeron todas las cámaras del camino; no hay manera de rastrear nada. ¿Entonces cómo conseguiste estos videos?

André sonrió apenas, su mirada se volvió más profunda.

—Mira, estamos en Cartagena. Creen que pueden ocultarme este tipo de cosas, pero no es tan sencillo. Además, Fabián destruyó esos videos usando mi propia red de contactos. Pudo engañar a Fidel y a los suyos, pero no a mi gente.

Sabrina, al escuchar esto, sintió que todo encajaba.

Así que había sido Fabián quien ayudó a ocultar las huellas. Ahora sí hacía sentido.

Sin embargo...

Una mueca irónica apareció en las comisuras de sus labios.

Todo esto no había logrado engañar a André, pero Araceli, fingiendo estar enferma durante tanto tiempo —incluso haciéndolo delante de él mientras la culpaba—, había logrado que ni siquiera sospechara nada.

André notó la burla en los ojos de Sabrina y adivinó lo que estaba pensando.

Bajó la voz.

—Sabrina, lo he pensado mucho. El asunto de Araceli fingiendo su enfermedad… alguien debió ayudarla desde atrás. Todo estaba planeado desde hace bastante, por eso no pude descubrir nada raro...

Se detuvo un momento, reconociendo en el fondo su propio error.

—...y sí, admito que me equivoqué al confiar tanto en Araceli y no haberla visto venir.

Para Sabrina, la confianza en André estaba por debajo de cero. Dudaba de cada palabra que salía de su boca.

—Entonces, ¿qué piensas hacer ahora? —preguntó, cruzando los brazos.

—Esta vez vine justo para platicar contigo y saber cuál es tu postura. Si quieres entregar a Araceli a los Ramos, puedo decir que fui yo quien encontró al culpable. Si prefieres no meterte, puedo hacerme el que no sabe nada.

Se detuvo un instante, su voz se volvió más dura.

—Por ahora estoy rastreando el paradero de Araceli. Ya no está con Fabián. Sabrina, te juro que no voy a permitir que Araceli vuelva a hacerte daño.

Sabrina no planeaba cargar con los problemas de Araceli, menos ahora que los Ramos todavía sospechaban que ella había atacado a Eva.

Nunca le había caído bien Araceli.

—Dame los videos y todas las pistas que tengas —dijo sin rodeos—. Yo se los entrego a los Ramos. Al fin y al cabo, Araceli y yo ya somos enemigas declaradas, no necesito que vengas a hacerte el valiente ni el malo por mí.

De pronto, recordó otro asunto pendiente.

—Por cierto... —añadió Sabrina, mirándolo a los ojos—. Lo de Sebastián y cómo intentaste culpar a Hache, ¿sigues diciendo que te tendieron una trampa? Ha pasado bastante tiempo, ¿pudiste averiguar algo nuevo?

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