Antes de que comenzara el torneo internacional, André ya había enviado a Thiago a algún lugar, supuestamente para un entrenamiento especial.
Decían que era un entrenamiento a puerta cerrada, pero en el fondo, no era más que una excusa para protegerlo a toda costa.
Eso de “entrenamiento” solo era una fachada para los de afuera.
Ulises soltó una risa sarcástica.
—Ya lo veía venir. Se nota que planearon todo con tiempo para fastidiar a Eva, tenían todo listo desde antes.
Fidel soltó un suspiro, cansado.
—Ulises, la verdad, Eva le tiene cariño a ese chico. Si se te ocurre hacerle algo, ella sí se va a enojar contigo.
Fidel tenía sus propios planes y no era ningún santo, pero tampoco llegaba al extremo de dañar a un niño solo para conseguir lo que quería.
Quizás, crecer en la familia Castaño le había dejado un poquito de compasión, aunque fuera muy poca.
Ulises no contestó de inmediato, se quedó pensativo.
—Si es alguien a quien Eva aprecia, entonces olvídalo. Busquemos otra manera —dijo al cabo de un rato.
Colgó el teléfono sin más.
...
Cuando Sabrina salió de la casa de la familia Ramos, el sol estaba en su punto más alto, quemando la piel y cegando la vista.
La luz era tan intensa que le costó enfocar la mirada.
No sabía si era por el nerviosismo o por otra cosa, pero al bajar los escalones, sus piernas flaquearon y casi se fue de bruces.
André la sostuvo justo a tiempo.
—Sabrina —llamó él, con la voz grave y firme, sus ojos profundos se llenaron de preocupación—. ¿Estás bien?
Después de que Ulises se fue, ni Sabrina ni André se quedaron mucho tiempo más en la casa Ramos.
Las palabras de André ya habían sembrado la duda en la mente de Martín y su hijo.
Ni siquiera cuando Ulises le apuntó a Sabrina con el arma consiguió sacarle la verdad. Eso solo hizo que Martín y su hijo confiaran aún más en ella.
Sin querer, la jugada de Ulises limpió el nombre de Sabrina.
Sabrina, con las pestañas temblando, levantó la cabeza y miró a André.
Tal vez no podía quitarle toda la atención de encima a Sabrina, pero al menos podía cargar con parte de esa enemistad.
Mientras Ulises dudara en atacar a Sabrina, lo más probable era que primero intentara desquitarse con él.
Al escuchar esto, Sabrina por fin se relajó un poco.
—Qué alivio —murmuró, soltando la mano de André poco a poco—. Gracias por todo lo de hoy.
—No tienes por qué agradecerme —le contestó André, notando que ella seguía muy tensa—. Mejor déjame llevarte a casa para que descanses.
A pesar de que tenía ganas de invitarla a comer, sabía que Sabrina no estaba de humor para eso en ese momento.
Sabrina asintió, cansada.
—Te lo agradezco.
...
Tres días después, Sabrina recibió de repente una llamada de Iván Silva, el asistente de André.
[Señorita Ibáñez, el señor Carvalho tuvo un accidente.]

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...