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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 917

Ulises no lo negó.

—Así es.

Fidel se quedó pasmado.

—¿Estás loco? ¿Te atreviste a intentar matar a André en Cartagena? ¿De verdad crees que vas a poder salir vivo de ahí?

Ulises respondió con una calma inquietante.

—Me tendieron una trampa.

—¿A qué te refieres con eso?

—Sí quería complicarle la vida a André, que estuviera demasiado ocupado para ayudar a Sabrina, pero jamás planeé matarlo. Si de verdad llegara a morir, a mí también me iría muy mal. Solo contraté a dos de los mejores sicarios, con la intención de que lo dejaran en el hospital un tiempo. Pero no esperaba que, junto con ellos, se colaran otros tres asesinos.

Fidel empezó a notar que algo no cuadraba.

—¿Cómo conseguiste la ubicación de André? ¿Y cómo lograste coordinar a los sicarios para que lo esperaran?

Ulises contestó:

—Hace dos días recibí un mensaje anónimo. Me decían que André aparecería hoy en cierto lugar. Solo lo intenté por si acaso y, para mi sorpresa, André sí apareció. Sospecho que quien me pasó ese dato es alguien muy cercano a André.

Gente como ellos solía moverse con suma discreción. Sus rutas y paraderos no se compartían ni aunque se tratara de sus propios aliados. Hasta el más mínimo intento de seguirles la pista era detectado casi de inmediato.

Además, ese no era territorio de Ulises. Si mandaba gente a vigilar a André, los matones y pandilleros del lugar lo descubrirían en un abrir y cerrar de ojos. Si entre ellos había algún infiltrado de André, Ulises acabaría en una ratonera.

Él no era tan ingenuo para cometer semejante estupidez.

Fidel comprendió de inmediato lo que Ulises quería decir.

—O sea que ahora te va a tocar cargar con la culpa por alguien más. Lo de que André resultara tan grave, seguro te lo van a achacar a ti.

Ulises asintió con indiferencia.

—Dicen que André quedó tan malherido que no va a poder recuperarse pronto. Aprovecharé este tiempo para encargarme de Sabrina y luego me largo de Colombia.

—¿Ya tienes un plan para deshacerte de Sabrina? —preguntó Fidel, intrigado.

—Por supuesto.

—¿Y cuál es?

La voz de Ulises se tornó gélida, como si le pasara una navaja por la piel.

—Señor Castaño, ¿no ha escuchado ese dicho? Entre más sabes, más rápido acabas enterrado.

Fidel, al escuchar eso, prefirió no insistir. Al final, mientras Sabrina terminara mal, para él era suficiente.

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