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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 935

Gabriel observaba con atención el semblante de Jorge, como si intentara descifrar si lo que decía era verdad o pura fachada.

Pero ¿quién era Jorge? ¿Alguien tan sencillo de leer? Imposible. Jorge jamás permitiría que Gabriel le descubriera.

La mirada de Gabriel buscaba respuestas, pero no halló nada en el rostro de Jorge. El tiempo apremiaba y no estaba para rodeos, así que fue directo al grano.

—Jorge, Sabrina desapareció en Medellín. Tú debes saber algo.

Gabriel mantuvo la voz firme, sin titubeos.

—Sabrina confía mucho en ti. Siempre te ha considerado un buen amigo. Imagino que tampoco quieres que le pase algo, ¿o sí?

Jorge titubeó apenas un segundo, pero enseguida recuperó la compostura. Si ni él mismo había logrado encontrarla en Medellín, menos lo haría Gabriel. Y si Gabriel la hallaba antes, solo demostraría que él no servía para nada.

—Sabrina llegó a Medellín y sí, yo fui su anfitrión —dijo Jorge, con el tono de quien busca dejar todo claro—. Pero hace poco sufrí un ataque y estuve internado en el hospital recuperándome. Por eso, no tuve mucho contacto con Sabrina últimamente.

Al decir esto, Jorge pareció recordar algo. Miró a Gabriel con interés.

—Por cierto, hasta donde sé, señor Castillo, ¿no siempre tienes a alguien cuidando a Sabrina? ¿Cómo es que ni tus propios hombres saben dónde está?

A Gabriel se le endureció la mirada. Desde que recibió la llamada de Hache en Cartagena, había intentado contactar a los escoltas de Sabrina, pero también habían desaparecido. Si hasta los escoltas estaban fuera de contacto, la posibilidad de que Sabrina estuviera en peligro era demasiado alta.

Gabriel sostuvo la mirada de Jorge.

—Jorge, la desaparición de Sabrina no es ningún juego. Escuché que, al parecer, Sabrina tuvo problemas con Ulises. Si Ulises la secuestró... entonces su vida corre verdadero peligro. En momentos así, lo mejor sería dejar de lado cualquier diferencia y enfocarnos en la seguridad de Sabrina.

Jorge guardó silencio unos segundos, luego habló:

—Que Sabrina desapareciera estando en Medellín bajo mi responsabilidad, sí, es culpa mía. Pero te juro que no tengo idea de dónde está. De hecho, fue hasta que Hache me llamó que me enteré de su desaparición. Ahora que lo pienso, ni yo sabía que Sabrina no estaba, ¿cómo fue que lo supo Hache? Él solo es un guardaespaldas que está de vacaciones. Igual estoy moviendo gente para buscarla, señor Castillo. Si llego a saber algo, te aviso sin falta.

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