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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 943

Ulises Hoyos miró el teléfono que acababa de colgar, sus ojos reflejaban una mezcla de sorpresa y desconfianza.

¿Sebastián Fonseca de verdad conocía sus movimientos, o solo estaba intentando engañarlo?

Ulises, por precaución para evitar ser localizado, ni siquiera llevaba su propio celular encima.

Si llegaba a necesitar algo urgente, bastaba con usar el teléfono de alguno de sus hombres.

Por eso, cuando la situación se tornó tensa al mediodía, llamó de inmediato a Fidel Castaño.

Fidel no tenía idea de lo que pasaba en realidad, así que, como era su costumbre, cargaba siempre con su celular.

Claro, aunque Ulises le hubiera pedido que no trajera teléfono, Fidel jamás habría aceptado. No era tan cercano a Ulises, y si algo salía mal, ni siquiera podría pedir ayuda.

Fidel alcanzó a escuchar parte de la plática entre Ulises y Sebastián, así que murmuró en voz baja:

—Sea verdad o mentira, si Jorge Olivares logra ubicar mi celular, nos van a encontrar en un abrir y cerrar de ojos.

Sin esperar respuesta, entregó su teléfono a uno de sus muchachos para que lo destruyera.

—Este lugar ya no es seguro, tenemos que largarnos de aquí cuanto antes.

Ulises lo sabía perfectamente, pero no podía resignarse a dejar ir tan fácil a Sabrina Ibáñez.

Guardó silencio unos segundos antes de ordenar:

—Tráiganse a estas dos mujeres, no las dejen atrás.

Fidel se quedó pasmado, con un tic nervioso en el párpado.

—Ulises, ¿de verdad perdiste la cabeza? Ya les diste una lección, ¿no crees que es suficiente? Medellín está cercado, ni tú ni yo la tenemos fácil para salir, y todavía quieres llevarte a dos mujeres… ¿Sabes el peligro que eso implica? Nos van a encontrar en cuanto demos un paso fuera.

Fidel no podía creer lo terco que se había puesto Ulises.

Después de todo, todavía no se sabía si fue Sabrina quien echó de cabeza a Eva Ramos revelando que era hija ilegítima.

A pesar de que el escándalo había dañado la reputación de Eva, en realidad la situación no era tan grave. Pero Ulises seguía empeñado en castigar a Sabrina, y eso ya rayaba en la obsesión.

Ulises dudó unos segundos más. Parecía que, al fin, comprendía que llevarse a ambas solo complicaría su escape.

Justo cuando Fidel suspiraba aliviado, Ulises soltó otra orden:

—A la que se llama Daniela Blasco déjenla ir, que sirva de distracción para esos tipos. Así los demás se concentran en ella y nosotros aprovechamos para salir de Medellín.

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