Entrar Via

La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 956

Él no podía matar a Fidel; todavía quería mantenerlo con vida para hacerlo sufrir poco a poco.

...

Al día siguiente, la cirugía de Sabrina se organizó sin demora.

Antes de entrar al quirófano, Sabrina recordó algo importante.

—Oye, ¿quién fue la persona que me trajo al hospital?

Daniela respondió:

—Fue un transeúnte que pasaba por ahí. Por suerte, te trajeron a tiempo y no perdiste demasiada sangre. Si no, habrías corrido un serio peligro.

Sabrina asintió y preguntó de nuevo:

—¿Ya les dieron las gracias?

Daniela sonrió:

—Sí, Gabriel les dio un buen dinero como muestra de agradecimiento.

—Dile a Gabriel que le agradezco mucho.

—Claro, yo le digo.

En ese momento, alguien tocó la puerta del cuarto y Hernán entró.

—Sabrina, no te pongas nerviosa. Esta operación tiene muy poco riesgo. Haré todo lo que esté en mis manos para que tu mano quede bien.

Sabrina asintió una vez más.

—Hernán, de verdad le agradezco que haya venido solo por mí.

Hernán le respondió:

—Aunque fueras una paciente como cualquier otra, igual haría hasta lo imposible por ayudarte.

Tras unas palabras de aliento, el personal médico llevó a Sabrina al quirófano.

André, Gabriel, Jorge y Daniela se quedaron afuera esperando.

La operación se prolongó mucho, desde la mañana hasta que el cielo comenzó a oscurecer.

No fue sino hasta que la luz del quirófano se apagó, que todos se apresuraron hacia la puerta.

Hernán salió del quirófano.

Hacía años que no tenía una cirugía tan larga.

Ya era un hombre mayor, y si no fuera porque Sabrina era especial para él, jamás habría venido en persona.

—La cirugía salió muy bien —dijo quitándose el cubrebocas, dejando ver en su cara un cansancio abrumador—. Pero, como les mencioné antes, que Sabrina vuelva a tocar el violín va a ser muy complicado.

Al día siguiente, cuando abrió los ojos, ya era de día.

Daniela estaba sentada en una silla junto a la cama, tan concentrada en su celular que ni notó que Sabrina despertó.

Sabrina la llamó suavemente:

—Daniela.

Daniela dio un respingo, se giró y la vio despierta.

—¡Sabrina, ya despertaste! —dejó el celular de inmediato y se acercó, preocupada—. ¿Cómo te sientes? ¿Te duele algo?

La voz de Sabrina salía algo ronca:

—¿Me podrías dar agua?

Daniela no lo pensó dos veces; fue por un vaso, se lo acercó y la ayudó a beber.

Después de tomar agua, Sabrina se sintió mucho mejor; la garganta ya no le quemaba tanto.

—¿Qué estabas viendo que te tenía tan clavada?

Por fin, después de días de llanto y culpa, Daniela sonrió.

—¡Sabrina, tengo una noticia buenísima! El karma existe, nadie se libra. Ulises, ese desgraciado, por fin pagó las suyas. ¡Le pasó algo!

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada