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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 969

Rocío y Eva no tenían idea de que Ulises estaba detrás del secuestro de Sabrina.

Ambas se enteraron por las noticias: vieron en la televisión que Sabrina había sido secuestrada, y que además había salido herida de la mano. No podían ocultar su sorpresa.

Al escuchar lo que decía Eva, Rocío también se quedó helada.

—¿Tan grave estuvo la cosa?

Eva asintió, con el ceño arrugado.

—Mira, en Colombia, quien se atreve a secuestrar a Sabrina seguro es un enemigo de la familia Ramos. Mi hermano mayor sólo me estaba cuidando, es normal que me advierta.

—Y ahora que Ulises fue atacado de nuevo, vete a saber si todo esto no es por esas guerras entre familias poderosas. A lo mejor la guerra de negocios se les salió de las manos y empezaron a usar otros métodos más sucios.

—Por lo pronto, mejor hay que andarnos con cuidado.

Rocío miró a Ulises, que seguía inconsciente y gravemente herido. Por fin se dio cuenta de lo complicado que estaba el asunto.

—Está bien, entiendo. Voy a reorganizar a los guardaespaldas que mi hermano me dejó a cargo y me aseguraré de que nos cuiden a las dos.

Al escuchar eso, Eva por fin se relajó un poco.

...

Después de un mes de tratamiento intensivo con Hernán, la mano de Sabrina por fin volvió a moverse. Pasó de no poder hacer nada sola, a ya no necesitar que alguien más la alimentara o la ayudara a bañarse.

Durante todo ese tiempo, Daniela se encargó de esas tareas tan personales.

Ellas eran amigas desde la infancia. Aunque al principio Sabrina se sintió incómoda, por lo menos prefería eso a que la ayudara una extraña.

Daniela no sólo compartía la comida y el cuarto con Sabrina, sino que también aguantaba lo que fuera, como si se tratara de una enfermera profesional, pero más atenta y cariñosa.

Varias veces Sabrina le insistió a Daniela que se fuera a descansar unos días, pero Daniela siempre le decía que no.

Según Daniela:

—Sabrina, déjame cuidarte, por favor. No importa por qué haya pasado esto, pero si no fuera por mí, tú podrías seguir tocando el violín. Al menos así me siento un poco menos culpable... Si no, de verdad voy a tener que ir al psicólogo.

Sabrina, al escucharla, ya no pudo seguir insistiendo.

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