Entrar Via

La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 980

El semblante de Esteban se ensombreció de inmediato y estuvo a punto de lanzarse hacia el frente, pero Félix, que estaba a su lado, lo sujetó con firmeza.

—Te lo están haciendo a propósito para que pierdas la cabeza. Hoy la fiesta es demasiado importante, no hagas una tontería y vayas a empeorar las cosas —le susurró Félix.

Esteban aspiró hondo, tratando de calmar la rabia que sentía clavada en el pecho.

Félix insistió:

—Mira, Esteban, mejor vete a otro lado. Yo me encargo de esto.

Había tanta gente en la fiesta que cualquier escándalo los convertiría en el hazmerreír de todos. La familia Ramos ya no podía darse el lujo de soportar más chismes o burlas.

Esteban lo sabía, lo entendía a la perfección, pero aun así, las palabras que escuchaba le calaban hondo.

—Voy a ver cómo está Eva —dijo con voz tensa.

Si a él lo estaban tratando así, ni quería imaginar lo que Eva debía estar aguantando en ese momento.

Félix asintió en silencio.

Antes de irse, Esteban murmuró con amargura:

—Todo esto es culpa de Sabrina. Si no fuera por su terquedad y sus caprichos de irse de la casa, hoy no seríamos el blanco de las burlas y las miradas malintencionadas.

Desde que se supo que Eva era hija ilegítima, tanto Esteban como Félix habían tenido que aguantar todo tipo de comentarios sarcásticos y bromas pesadas.

Jamás en su vida se habían sentido tan humillados.

Y todo por culpa de Sabrina.

Sabrina, por sus propios intereses egoístas, no dudó en revelar el origen de Eva, arrastrándola del pedestal donde todos la tenían.

Ni se preocupó por la reputación de los Ramos, ni por la imagen de la familia Carvalho, ni por el bienestar de la empresa.

Esteban no entendía cómo su padre y su hermano mayor aún podían dejar que alguien así regresara a casa.

...

Al otro lado del salón, Eva estaba acompañada por Rocío Hoyos, quien se mantuvo a su lado en todo momento. Nadie se atrevía a acercarse a molestar a Eva.

Llevaba unos pequeños aretes de perlas y una cadena sencilla en el cuello, sin ningún adorno extravagante.

Paradójicamente, mientras más sencillo el conjunto, más resaltaba su atractivo y su presencia.

La belleza de Eva no era la de una muñeca de escaparate ni la de una diva superficial. Era una belleza intensa, de esas que te dejan sin aliento, pero sin una pizca de vulgaridad. Parecía una luna llena sobre el lago, serena y lejana, imposible de alcanzar.

Caminaba con seguridad, el vestido ondeando con elegancia a cada paso, sin caer en lo exagerado.

Sus ojos brillaban, tan claros y profundos como el cielo estrellado, aunque siempre había en ellos una niebla sutil que impedía conocer sus verdaderos sentimientos.

Toda ella transmitía una gracia y una dignidad que era difícil de describir.

El bullicio del salón se fue apagando poco a poco con su llegada.

Eva ya estaba acostumbrada a recibir esas miradas, nunca mostraba un ápice de vanidad.

Solo sonreía levemente y saludaba con la cabeza a quienes la observaban.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada