Pero ahora que ella ya es parte de los Ramos, es nuestra hermana, así que pase lo que pase, tenemos que proteger a Sabrina.
Sebastián miró fijamente a Esteban, su voz cargada de segundas intenciones.
—¿Y usted, señor Ramos, qué propone?
Esteban habló con voz profunda:
—Si Sabrina mintió, eso demuestra que su carácter deja mucho que desear. Una persona así, entrando a trabajar al Grupo Ramos, no estaría a la altura.
—¿Y entonces? —replicó Sebastián.
La voz de Esteban sonó todavía más seria:
—Que Sabrina entregue las acciones originales.
Al escuchar esto, Sabrina ni siquiera arrugó la frente. Mantuvo la calma absoluta, tan tranquila que resultaba inquietante.
Sebastián rompió el silencio:
—¿Quieres que Sabrina las entregue por las buenas, o estás pensando en comprárselas?
Félix soltó una carcajada desdeñosa:
—Sabrina ya nos metió en este lío a la familia Ramos, y ahora nosotros tenemos que limpiar todo su desastre. ¿A poco no debería pagar algo por todo esto?
Sebastián arqueó una ceja:
—O sea, ¿pretenden que se las regale? ¿Nomás le inventan un delito y ya con eso quieren quedarse con las acciones sin poner un peso?
Las palabras de Sebastián cayeron pesadas en la sala. Los Ramos, acostumbrados a guardar apariencias, no supieron dónde meter la cara; se pusieron rojos y luego pálidos, en una combinación bastante ridícula.
Federico, mucho más astuto que Félix y Esteban, también sintió vergüenza ajena y decidió intervenir:
—Félix, Esteban, ¿qué tonterías están diciendo? Aunque Sabrina quisiera ceder las acciones, lo correcto sería que nosotros se las compremos. No hay motivo para que ella las entregue sin recibir nada a cambio.
Ante esto, Esteban y Félix guardaron silencio. Pasó un instante antes de que Esteban mascullara:
—¿Comprar? ¿Tienes idea de cuánto cuesta siquiera el uno por ciento de las acciones del Grupo Ramos? ¿Quién se creen que son para venirnos a comprar la empresa?
Sebastián se mantuvo firme:
—¿Qué les parece si apostamos? Si Sabrina consigue reunir el dinero en el plazo acordado y compra las acciones, ustedes tienen que vendérselas. Pero si no puede, entonces ella les vende sus acciones originales a la familia Ramos.
Lo que Sebastián proponía ya era ir un poco lejos para alguien en su posición. Sin embargo, Sabrina seguía impasible, sin intención alguna de interrumpir.
Esteban lanzó una sonrisa despectiva:
—¿Tú, que no eres más que un guardaespaldas, vienes aquí a hablar de negocios? Mejor mírate bien antes de abrir la boca. No solo Sabrina, ni siquiera los líderes de las otras familias se atreverían a decir algo así.
En las familias más poderosas del país, aunque todos tienen mucho dinero, la mayoría de su capital está invertido. Si quieren hacer una compra grande, necesitan planearlo con muchísima anticipación y juntar el dinero por meses.
Incluso para la familia Castaño o la familia Hoyos, hacerse con una parte de las acciones del Grupo Ramos no es cosa sencilla. Mucho menos para Sabrina.
Aunque tuviera la ayuda de André Carvalho, Gabriel Castillo o incluso Hernán Castaño, Sabrina simplemente no podría abarcar algo tan grande.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...