En ese momento, Alicia lucía su larga melena rizada, vestía un saco azul cielo y debajo una falda blanca que le daba un aire fresco y elegante.
A decir verdad, aunque rondaba los cincuenta, toda ella irradiaba una belleza cuidada de pies a cabeza; nadie podría adivinar su edad real.
Quien se cruzara con ella por primera vez bien podría jurar que era una señora de treinta y tantos, y seguro más de uno lo creería.
—¡Paf!— Se escuchó cuando un fajo de documentos cayó sobre la mesa.
Alicia, sentada en el sofá con las piernas cruzadas, admiró el acabado de sus uñas recién hechas.
—Firma todos estos papeles —soltó, con una calma desinteresada—. Cuando termines, Lago Negro ya no tendrá nada que ver contigo.
Su tono era tan seco que no dejaba colarse ni un ápice de emoción.
Patrick respiraba agitado; al no ver a Rylan llegar, prefirió clavar la mirada en Alicia.
—¿De verdad te casaste con Rylan?
Al oírlo, Alicia alzó la vista y lo miró de reojo.
—¿Y eso qué tiene que ver con todo esto?
—No puedo creer que te fijaras en ese chamaco.
Alicia se quedó callada un instante.
¿Un chamaco de más de cuarenta años?
—¿No estarás confundiendo la edad de los chamacos? ¿Has visto algún “chamaco” que tenga la edad de Rylan?
Patrick se quedó sin palabras.
Tras escucharla, su respiración se volvió aún más pesada.
—Tú bien sabes cuántos años menor es que tú.
—Claro que lo sé —le respondió Alicia, sin perder la compostura.
—Entonces, ¿no te has dado cuenta de que ustedes dos no pegan ni con cola?
Patrick apretaba la quijada con rabia. Llevaba días sin poder sacarse de la cabeza el hecho de que Alicia y Rylan se hubieran casado. Después de tantos años esperando por ella, ¿cómo no pudo aguantar un poco más…?
Justo en el momento clave, ella va y se casa con Rylan. ¿Eso no era una manera de vengarse de él?
Alicia hizo un gesto de fastidio.
Patrick se quedó callado, y los que estaban cerca no supieron dónde meter la cara.
De hecho, los que acompañaban a Patrick lo miraban con preocupación, como si temieran que Alicia lo hiciera desmayar de la impresión.
Para ser sinceros, últimamente a Patrick no le había pasado una sola cosa buena; cada día parecía más una broma pesada del destino.
Cualquiera diría que un derrame cerebral ya venía en camino a buscarlo...
—¡Alicia, esto ya rebasa los límites! ¿Lo haces solo para vengarte de mí, verdad?
—Si sirve para que te relajes, entonces puedo seguir… Suéltalo, a ver, dime, ¿qué más quieres oír?
Alicia lo miró, divertida.
—He visto gente masoquista, pero alguien que venga a buscar que lo humillen, es la primera vez. ¿No estarás perdiendo la cabeza?
—Di lo que quieras, pero quiero que termines con Rylan.
—¡Ja! ¡Ni lo sueñes!
¿Terminar con Rylan? Si le había invertido dos semanas persiguiéndolo, ¿cómo iba a soltarlo así nomás?

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