Entrar Via

La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1194

Al ver lo mal que la estaba pasando con las náuseas, a Paulina le preocupaba que Carlos, de seguir así, fuera a desplomarse en cualquier momento.

Sin embargo, Paulina se adaptó con sorprendente facilidad a este intercambio de roles entre ambos.

En un abrir y cerrar de ojos, ya estaba completamente metida en el papel de quien cuida a una embarazada.

Apenas puso un pedazo de pescado en el plato de Carlos, él frunció el ceño de inmediato.

—Quítalo, quítalo ya... —dijo mientras se tapaba la boca, con una cara de sufrimiento que partía el alma.

Paulina se quedó congelada unos segundos.

—Ya, ya, lo quito, no te preocupes.

De inmediato, llamó al servicio para que se llevaran el pescado cuanto antes.

Sin el olor de pescado, Carlos se calmó un poco, aunque seguía luciendo bastante incómodo.

Paulina preguntó:

—Entonces, ¿qué vas a comer? ¿Quieres probar un poco de esta carne?

Apenas Carlos vio la carne de res, se le vino a la mente la imagen sangrienta de la vaca y le dieron más ganas de vomitar.

Paulina, al notar su expresión, supo de inmediato que no iba a poder comer eso tampoco.

—Mejor ni digas nada, que se lleven esto también.

La persona del servicio volvió a retirar ahora la carne de res.

Todavía quedaban otras cosas sobre la mesa.

Paulina observó a Carlos con preocupación.

—¿Y entonces, qué se te antoja?

Era la primera vez que se daba cuenta de lo complicado que era cuidar a una embarazada. No por nada Isa siempre decía que durante el embarazo, una no puede comer esto ni aquello.

A veces ni siquiera el olor se puede aguantar.

Carlos, con solo oler el pescado, ya estuvo a punto de vomitar todo.

...

La comida terminó siendo una verdadera prueba de paciencia.

Solo cuando Carlos se quedó dormido, Paulina se levantó con sigilo y le marcó a Andrea Marín.

Andrea, al escuchar que era Carlos quien tenía síntomas de embarazo, tardó buen rato en procesar la información.

—Síguelo al pie de la letra y seguro se va a sentir mejor.

—Gracias, Andrea.

Paulina ya ni sabía cómo tratarlo, más que como si fuera la embarazada. Pero en ese momento, no había otra opción.

Al fin y al cabo, él era el papá del bebé. Si se sentía tan mal, ella tenía que cuidarlo el doble.

Al colgar, Andrea le mandó enseguida los mensajes. Paulina revisó los nombres de los medicamentos, notando que no eran los que le habían recetado hoy, así que llamó a Eric para que los fuera a comprar.

Eric, aunque tenía fama de ser de lengua suelta, era rapidísimo para hacer los mandados y enseguida regresó con todo.

Durante el camino, Eric no paraba de quejarse:

—¿Quién va a querer tener hijos después de esto? Se supone que esto es cosa de mujeres, ¡y ahora resulta que los hombres también tienen que sufrir!

Julien, resignado, le contestó:

—Sigue hablando así y nunca vas a tener esposa. Además, el jefe seguro te va a dar un buen golpe.

—¿Y eso por qué? ¿Acaso no tengo razón? Ella embarazada y él con todas las molestias encima... Esto ya parece broma.

Julien prefirió no seguirle el juego. A Eric no había forma de callarlo, así que lo dejó hablando solo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera: Gambito de Diamantes