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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1199

Aunque esto no fue ningún gran problema, lo que pasó entre Mathieu y Andrea era algo que todos en realidad veían con buenos ojos.

Sin embargo, Isabel todavía sentía la necesidad de averiguar quién estaba detrás de todo esto.

Ahora parecía que todo había salido bien, pero ¿qué tal si la siguiente vez no resultaba tan favorable?

—Esteban: Está bien, ya le pedí a Isaac que investigue.

—¿Isaac? ¿Por qué no Lorenzo?

Isaac también era uno de los asistentes más confiables de Esteban, pero la mayoría de los asuntos siempre solía encargárselos a Lorenzo.

Que ahora se los pasara a Isaac, de repente, le resultó extraño a Isabel.

—Esteban: Él… creo que está por florecer.

Isabel se quedó callada.

¿Florecer? ¿Se refería a Lorenzo?

Esa palabra, “florecer”, de inmediato le hizo recordar a Astrid Monroe, la niña que había visto en la calle.

Aquella pequeña, con los ojos llenos de lágrimas, parecía un venadito perdido en medio del bosque, completamente indefensa.

—¿Ya averiguaron bien lo de esa niña? —preguntó Isabel, sin poder evitarlo.

No era para menos. Desde que tenía memoria, Lorenzo siempre había estado al lado de Esteban, casi como un hermano más.

Que de la nada Lorenzo recogiera a una niña en la calle, era motivo suficiente para estar alerta.

—Esteban: No hay problema con la niña, pero su familia sí que tiene un gran problema.

—¿Eh?

¿La familia tenía problemas?

—Esteban: En Isla Silma no salió nada sospechoso al investigar, pero en la Península de Rivadeneira, no aparece ningún dato sobre esa familia.

Isabel se quedó sin palabras.

¿Nada en la Península de Rivadeneira?

Lilian había dicho que se habían mudado para vivir allá, pero ahora resulta que no existe ningún registro de la familia en esa zona.

Eso sí que era un asunto serio.

—Lorenzo lo va a resolver. No te metas en su asunto.

—Está bien.

Por ese lado, Isabel no estaba tan preocupada. Después de todo, Lorenzo llevaba años junto a Esteban.

Ya había pasado por toda clase de situaciones y escenarios.

...

En ese instante, Carlos trataba de mantener la compostura, pero a Esteban no se le escapó el temblor en su voz, ni la rabia contenida.

La mención de “una llamada de auxilio” hizo que Esteban se diera cuenta de que la situación era mucho más grave de lo que parecía.

—Voy a mandar a Lorenzo de inmediato.

Carlos ya tenía a su gente en esa zona, pero que ahora recurriera a Esteban solo podía significar una cosa: no confiaba del todo en los suyos.

En otras palabras...

Carlos, el hombre más calculador de todos, estaba perdiendo el control.

Esteban colgó y marcó el número de Lorenzo. Al poco, contestó:

—Señor.

—Lorenzo, lleva a tu gente a Littassili ahora mismo. Carlos necesita apoyo, Paulina fue secuestrada.

Littassili ya era un caos desde hace tiempo, y encima con la bronca entre Alicia y Lago Negro...

—¿Quién fue? —preguntó Lorenzo, serio.

—Todavía no lo sabemos.

Por el tono de Carlos, la cosa pintaba mal. Por eso, ni siquiera se atrevió a preguntar más.

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