Así, bajo la obstinación y terquedad de Paulina, el ánimo de Cristian, para sorpresa de todos, fue apaciguándose poco a poco...
Paulina lo observaba, viendo cómo vaciaba un vaso tras otro de licor, y se mordió el labio, dudando un momento antes de soltar:
—Aunque esto no está nada bien...
—Pero tu mamá sí que es detestable. ¡Y Patrick también!
En cuanto mencionó lo de Delphine, Cristian la miró con una intensidad que rayaba en lo peligroso, los ojos ardiendo con una furia apenas contenida.
Pero justo cuando parecía que iba a explotar, Paulina remató agregando a Patrick a la ecuación.
Cristian soltó una carcajada burlona.
—¿Patrick? ¿Por qué lo odias? Al final de cuentas, es tu papá.
Paulina torció el gesto.
—¿Papá? ¿Ese tipo? Alguien tan cruel y traicionero, ni loca lo reconozco como mi papá.
Es más, ni siquiera lo era en el sentido real.
Y aunque lo fuera, tampoco pensaba aceptarlo. ¿Cómo iba a hacerlo? ¡Simplemente no podía!
Cristian no pudo evitar sorprenderse al escucharla.
—¿De verdad no quieres saber nada de él?
—Él y tu mamá son igual de detestables —contestó Paulina, con una convicción que no dejaba lugar a dudas.
Cristian apretó los labios, sin saber cómo responder.
Paulina continuó, la voz cargada de rencor:
—En su momento, mi mamá y la mamá de Dan solo fueron piezas en el juego de Patrick, todo para proteger a tu madre.
—Patrick es un patán, usó la excusa de proteger a tu mamá para lastimar a dos mujeres al mismo tiempo.
—¿Y tu mamá? Ella, sabiendo perfectamente que mi mamá y la mamá de Dan solo estaban ahí para protegerla, apenas Diana murió y ella pudo subir de rango, no dudó ni un segundo en eliminar a las dos.
—La mamá de Dan murió por sus manos, y durante años ha estado persiguiendo a la mía, sin descanso.
La voz de Paulina era una acusación directa, señalando sin titubear los pecados de Delphine y Patrick.
Pero más allá de eso, también le estaba abriendo los ojos a Cristian, mostrándole a quién debía dirigir su odio.
Patrick había sido un maldito, sí. Pero Delphine se había beneficiado de todo y, al final, fue la más protegida.
Y para colmo, los hijos que tuvo ni siquiera eran de Patrick. Por eso, la verdadera enemiga debía ser Delphine.
Cristian tragó saliva, después se terminó media botella de un solo trago.
A su alrededor, los hombres de confianza se pusieron en alerta máxima, preparados para cualquier cosa.
Cristian levantó la voz, quebrada por la tensión:



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera: Gambito de Diamantes