Él ahora solo quería encontrar la manera de compensarla lo más que pudiera...
...
En la finca.
Paulina masajeaba los hombros de Carlos, tratando de calmarlo.
—Ya, ya, no te alteres tanto, si no después te vas a sentir peor.
Carlos, de pronto, tomó su mano con firmeza.
—¿De veras te enojaste? —preguntó Paulina, notando la tensión en su rostro.
Patrick, ese viejo loco, ¿de verdad tenía algo mal en los oídos o qué le pasaba?
¿Acaso no había dejado claro lo que sentía? Aun así, ese tipo seguía buscándola una y otra vez.
Paulina no entendía qué quería Patrick de ella. ¿En serio pretendía arruinarle la vida?
—Carlos~ —volvió a llamarlo, con una vocecita suave y mimosa, al ver que él seguía callado.
De repente, Carlos la jaló hacia su pecho. Paulina soltó un grito —¡Ay! ¿Qué te pasa?
La abrazó con fuerza, inclinándose para rozar su cuello con la nariz, respirando su aroma.
—Está bien, está bien —cedió Paulina, riendo—, ya no lo voy a ver, ¿te parece?
De verdad, no quería verlo más.
En realidad, ni siquiera era que ella quisiera verlo. Era Patrick quien siempre aparecía y se ponía en plan de papá, lo que le daba dolor de cabeza a Paulina.
—Aunque él venga a buscarme, no te enojes. Al final no es mi papá, ¿por qué te molestas tanto? —le soltó, buscando su mirada.
—No me voy a enojar —al fin respondió Carlos, con voz segura.
Paulina dejó escapar el aire, aliviada, como si le quitaran un peso de encima.
Lo mejor era que Carlos no se enojara. Si él se ponía de malas, a ella ni el cerebro le funcionaba.
...
Calmar a Carlos, para Paulina, era tarea sencilla.
Pero Vanesa tenía un verdadero reto tratando de apaciguar a Yeray.
Llevaba desde la noche anterior intentando hacerlo entrar en razón. Ni así conseguía que dejara de estar de malas...
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera: Gambito de Diamantes