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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1279

En el pasado, la señora Espinosa se atrevía a tratar así a Andrea porque estaba convencida de que, siendo huérfana, jamás podría levantarse ni rebelarse contra su destino.

La menospreciaba, pensaba que aunque la familia Espinosa la tratara mal, a Andrea no le quedaba otra que agachar la cabeza y aguantar.

Pero ahora…

—¿Qué relación tiene esa familia Lambert con ella? ¿Desde cuándo conoce Andrea a la familia Lambert?

La señora Espinosa estaba fuera de sí.

¿Por qué, si para ella Andrea era alguien incapaz de causar problemas, ahora había logrado que su hija, a quien tanto quería, terminara en la cárcel?

El pecho de la señora Espinosa subía y bajaba mientras la rabia la invadía.

—Si vas a buscarla ahora, solo vas a lograr que Lavinia pase más tiempo encerrada —le soltó Fabio.

Así que buscar a Andrea estaba fuera de discusión...

Al menos hasta que Lavinia saliera, nadie de su familia debía acercarse a Andrea.

La señora Espinosa se agarró el pecho, intentando calmarse.

—¿Entonces qué se supone que haga? ¿Voy a dejar que mi Lavinia se quede ahí quién sabe cuánto tiempo?

Fabio guardó silencio.

¿Dejarla ahí para siempre? No, por supuesto que no.

¿Cómo iba Lavinia a quedarse encerrada indefinidamente…?

Se frotó las sienes, sintiendo la presión.

—Por ahora, deja esto en mis manos. Yo me encargo, ¿sí?

—¿Dejarlo en tus manos? Pero tú…

En cuanto iba a protestar, Fabio la fulminó con la mirada. La señora Espinosa tragó saliva y no se atrevió a decir nada más.

¿Pero qué pasaba con él?

No lograba entenderlo. Fabio, quien siempre tenía todo bajo control, esta vez no había logrado sacar a Lavinia de inmediato.

¿Era que en verdad no podía hacer nada ante Andrea? ¿O simplemente no quería hacerlo esta vez?

Recordó cómo, cada vez que Andrea sufría alguna injusticia, Fabio regresaba a casa de malas, desquitándose con todos.

No era imposible pensar que esta vez Fabio estuviera de parte de Andrea.

—Le voy a pedir a Lucio que te compre un boleto de avión. Mañana mismo te regresas —ordenó Fabio.

—¡No quiero!

—No es opción, tienes que irte.

—¡No pienso hacerlo!

Lavinia, con lágrimas rodando por las mejillas, sollozaba.

—Mamá, ¿cuándo va a sacarme mi hermano? ¿Ahora sí de plano está del lado de Andrea? ¿Ya no le importa lo que me pase?

El encierro se le había hecho eterno.

Tanto, que Lavinia empezaba a dudar si Fabio tenía realmente la intención de ayudarla.

Seguro que estaba de parte de Andrea, ¿verdad?

Durante todos estos años, cada vez que alguien criticaba a Andrea, Fabio reaccionaba con molestia.

Incluso, una vez un junior se atrevió a insultar a Andrea y, en menos de una semana, la empresa familiar del tipo terminó en bancarrota.

Pero ella era su hermana de sangre.

¿Cómo podía preferir a una extraña antes que a su propia hermana?

—Ya estuvo, deja de hablar de tu hermano. Él sí quiere sacarte, la culpa es de Andrea, esa desgraciada.

Al mencionar a Andrea, la señora Espinosa no pudo ocultar su disgusto.

Todo era por culpa de esa muchacha. Si no fuera por ella, Fabio ya habría conseguido liberar a Lavinia.

Ahora, ni Lavinia ni ella podían evitar dudar de las verdaderas intenciones de Fabio.

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