Entrar Via

La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1507

No puede ser, ¿por qué se puso celoso otra vez?

Hay que recordar que Dan ya se había ido a Rusia, y aunque antes tuvieron sus roces…

¿En qué había quedado todo eso?

¡Mi hermana ya le había arruinado la reputación a Dan Ward en Littassili!

Después de haber llegado a ese punto, era obvio que no había ninguna posibilidad de que algo pasara entre ellos.

Si Dan y Vanesa ya habían terminado en tan malos términos, ¿de qué demonios se podía poner celoso Yeray ahora?

—Guillaume Levasseur regresó —dijo Esteban.

—¿Qué? ¿Guillaume?

Pero si ese hombre… ¿no estaba muerto?

¡¡Hacía siete años!!

—¿No se había muerto? —preguntó Isabel, confundida.

Se suponía que había fallecido en un deslave, que había desaparecido sin dejar rastro.

—No sé los detalles, pero hace tres días regresó a París.

—…

Un muerto que regresaba a la vida.

¡Y no era cualquier muerto! Era Guillaume, aquel hombre que siempre había sido tan cercano a Vanesa.

En realidad, no es que Vanesa hubiera tenido algo con él.

Lo que pasaba era que, antes de desaparecer, Guillaume la había estado pretendiendo. Nadie sabía hasta qué punto había llegado su cortejo en aquel entonces.

Lo único que se sabía era que, cuando llegó la noticia de su muerte, Vanesa incluso fue a la zona del deslave para buscarlo.

Pero no encontró nada…

—Entonces, conociendo a Yeray, ¡seguro que está que se lo comen los celos!

Con razón el ambiente entre él y Vanesa había estado tan raro estos días. Todo era porque Guillaume había vuelto.

—Oye, ¿te has puesto a pensar en el destino de mi hermana? Es que ella…

Al llegar a este punto, a Isabel se le torció la boca sin poder evitarlo.

—Dan murió y revivió, y ahora resulta que Guillaume también murió y revivió.

La única diferencia era la forma en que habían «muerto», ¿no?

Isabel miró a Esteban con el ceño fruncido, abrió la boca como para decir algo, pero se quedó sin palabras.

—Lo que sea.

Últimamente no tenía mucho apetito; todo le sabía igual.

Sobre todo con esa dieta de la cuarentena, tan insípida que apenas y le ponían sal a la comida. Quién sabe a quién se le había ocurrido semejante cosa.

En resumen, nada de lo que comía Isabel tenía sabor.

Ya lo había decidido: en cuanto terminara la cuarentena, se iba a escapar tres días para darse un festín.

Esteban se acercó y la abrazó, sentándola en su regazo.

—¿No tienes hambre?

—¿Tú tendrías hambre si comieras esas cosas?

Lo llamaban «menú nutritivo de posparto», pero la verdad es que el sabor era horrible.

—¿No he estado comiendo lo mismo que tú todo este tiempo? —le recordó Esteban.

—…

Ahora que lo mencionaba, era cierto. Desde que ella había empezado con la comida de la cuarentena, Esteban la había acompañado comiendo lo mismo.

***

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera: Gambito de Diamantes