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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1509

Al escuchar la queja de Vanesa, Isabel también sintió que el mundo se había vuelto surrealista. Algunas cosas eran tan extrañas que desafiaban toda lógica.

Isabel no pudo evitar preguntar:

—Entonces, ¿cuál es la historia con Guillaume? ¿Cómo es que él también está vivo?

¡Ese hombre llevaba años muerto!

Antes de morir, incluso había hecho que la familia Levasseur fuera a hablar con los Blanchet para pedir su mano, pero de repente, desapareció.

¡Y ahora estaba de vuelta!

—¿Y yo qué voy a saber? Esas cosas no me interesan —respondió Vanesa.

Lo de Guillaume había pasado hacía tantos años que a Vanesa no le importaba en lo más mínimo.

¡No tenía por qué ir a preguntar!

Además, si lo hacía, parecería que le importaba mucho el asunto.

—Si no sabes nada, ¿por qué está enojado Yeray?

Que no supiera nada era bueno, demostraba que no le interesaba.

Si no le interesaba, ¿por qué se enojaba Yeray?

—…

Mejor no mencionar a Yeray.

Solo de pensar en él, le dolía la cabeza.

—Te juro que no hay nada entre Guillaume y yo, pero él no me cree. Me prohibió hasta mirarlo.

—…

—Dime tú si eso es razonable. Si nos encontramos en la calle, ¿ni siquiera puedo saludarlo?

Lo de Guillaume era cosa del pasado, así que a Vanesa ya no le afectaba.

No sentía la misma agitación que cuando se enfrentó a Dan.

Después de todo, ella nunca había tenido sentimientos por él.

Cuando Guillaume la pretendía, e incluso cuando pidió su mano, ella le dejó las cosas muy claras.

Que Yeray le armara un escándalo por lo de Dan, vaya y pase.

¡Pero que ahora también lo hiciera por lo de Guillaume!

Esto ya era el colmo…

—Visto así, Yeray sí está siendo un poco irracional.

—Pero igual deberías calmarlo un poco. Al final, Guillaume y tú estuvieron a punto de comprometerse.

Simplemente, ¡qué rabia!

Ese hombre quería que lo estuviera mimando cada dos por tres.

Y ella, embarazada, y él ni siquiera era capaz de consentirla un poco…

Después de desayunar, Vanesa salió.

Cuando Yeray bajó más tarde y vio a Isabel sola en el comedor, su rostro se ensombreció de inmediato.

—¿Vanesa salió otra vez?

—…

Mmm…

Ese tono sonaba a que lo había vuelto a malinterpretar.

—Oye, no fue por Guillaume.

—…

Al decir eso, fue como si Yeray, que antes no sospechaba nada, ahora se pusiera aún más serio.

Al ver su cara de pocos amigos, Isabel pensó: *«Ya valió. Seguro cree que me estoy echando de cabeza sola»*.

***

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