Y probablemente, en toda su vida, nunca vería a Andrea caer desde lo más alto.
***
Fabio salió de la prisión.
Lucio lo esperaba en el carro. En cuanto Fabio subió, le dijo con voz grave:
—La gente de la señora Blanchet fue a Puerto San Rafael.
Fabio sintió un vuelco en el corazón.
—¿A hacer qué?
—Se reunieron con el equipo de abogados de su madre. El bufete ya renunció al caso.
Fabio no supo qué decir.
Los abogados… ¿habían renunciado?
O sea que la intención de la señora Blanchet era que su madre también pasara el resto de sus días encerrada.
Recordó todos los años que ella había criado a Lavinia.
Fabio cerró los ojos.
—Vaya que la señora Blanchet la quiere.
Apenas había regresado a la familia Allende, y la señora Blanchet ya estaba limpiando todo su pasado, una cosa tras otra.
A él lo estaban sacando de Irlanda.
A Lavinia la habían regresado hoy a la celda común. Y ahora, habían mandado gente a Puerto San Rafael y el equipo de abogados había renunciado.
Todo estaba conectado, todo lo hacían por Andrea.
Fabio se masajeó el entrecejo, adolorido.
—Tenemos que irnos de Irlanda cuanto antes —insistió Lucio.
Era una orden de los Allende. Si se quedaban a la fuerza, no ganarían nada.
—Entonces, ¿de ahora en adelante no podemos estar en ningún lugar donde esté Andrea?
Había un claro tono de burla en su voz.
¿Acaso la señora Blanchet le tenía tanto rencor a toda la familia Espinosa?
Incluso a él, que en su momento había protegido a Andrea…
—Grupo Espinosa también está sufriendo represalias de la señora Blanchet —añadió Lucio.
—Por lo que se ve, la señora Blanchet está muy molesta con toda la familia Espinosa.
No era solo molestia.
Era como si, por no haber cuidado bien de Andrea, quisiera que toda la familia Espinosa, e incluso Grupo Espinosa, dejaran de existir.
Después de pensarlo mucho, Fabio había decidido que lo mejor era irse. Originalmente, quería establecerse aquí.
Pero ahora, los Allende no le daban esa oportunidad.
Esa familia era realmente implacable.
Solo porque Andrea estaba aquí y no querían que compartieran la misma ciudad, lo estaban presionando.
Tras reflexionar toda la tarde, Fabio llegó a la conclusión de que no tenía sentido seguir en Irlanda.
Al enterarse de que se iba, Mathieu replicó:
—Pues que te vayas. A Andrea no le interesan tus despedidas.
Fue directo y su tono estaba cargado de hostilidad.
Fabio lo ignoró, manteniendo la mirada fija en Andrea.
—Es mejor que te vayas —dijo ella con frialdad.
Últimamente, lo único que deseaba era que Fabio se fuera de Irlanda de una vez por todas. No debía haber más enredos entre ellos.
—Hay un par de cosas que quiero decirte, a solas.
—No es necesario.
Antes de que Andrea pudiera responder, Mathieu la jaló, poniéndola detrás de él.

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