Cuando se embarazó, Edgar le prometió que en Año Nuevo irían a conocer a sus padres y que él la llevaría a conocer a su hermano mayor. Después de que las familias se conocieran, se casarían.
Pero entonces, Edgar desapareció por varios meses. No volvió a aparecer hasta que ella estaba a punto de dar a luz. Durante ese tiempo, casi se vuelve loca buscándolo. Pensó que la había abandonado.
Justo cuando estaba a punto de rendirse y volver con su familia, Edgar regresó. Se quedó a su lado. Ella le preguntó a dónde había ido durante esos meses, pero él no dijo ni una palabra.
Pasó un mes desde el parto. Edgar le dijo que llevaría a la niña a vacunar y que, después, la llevaría primero a conocer a su hermano y luego irían a ver a los padres de ella.
Pero esa vez, su desaparición fue para siempre.
Y después de eso, Virginia perdió la razón.
No pudo encontrar a Edgar, por más que buscó. Su hermano Marcelo lo buscó por todo el mundo, pero no encontró a nadie con ese nombre. Su mundo se vino abajo. Todo se volvió gris. Perdió la noción del día y de la noche, incapaz de relacionarse con nadie.
Tantos años después, recordar ese momento todavía le dolía profundamente.
—No llores, tienes que cuidar tus emociones —le dijo Andrea, viendo cómo las lágrimas corrían por sus mejillas.
No sabía cómo consolarla, solo le pedía que no llorara.
—Después, tu tío me dijo que probablemente no existía nadie con ese nombre. Me mostró fotos de todos los hombres llamados Edgar que encontraron, y no era ninguno. Ninguno.
En ese momento, se sintió completamente desesperada.
—Papá no se llamaba Edgar.
Virginia se quedó helada. ¿No se llamaba Edgar? Entonces, él…
Miró a Andrea, impactada.
—Su nombre era Fabián Allende.
—¿Fabián?
—Sí —confirmó Andrea.


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