Al escuchar a Angélica decir eso, la mirada furiosa de Daniela hacia ella se mezcló al instante con decepción.
Era esa decepción que se siente hacia las personas más cercanas.
Angélica continuó:
—Todo esto es culpa de mi tía, pero ya no te pelees con mi papá, ¿sí?
Angélica pensaba cada vez más que si su tía Virginia le hubiera dado a su mamá lo que ella quería...
Su reacción ante este asunto no habría sido tan fuerte.
Ahora Daniela estaba como perro de presa, sin soltar el tema...
Daniela cerró los ojos:
—Tienes razón, todo es culpa de tu tía, es su culpa.
—Entonces ya no te pelees con papá, ¿por favor?
—Tu papá también tiene la culpa, ¿por qué no voy a pelear?
—...
—Y la empresa...
Si no mencionaba la empresa, todo estaba más o menos bien.
Pero al hablar de la empresa, que era el detonante actual entre ella y Marcelo, Daniela se encendía de coraje.
Originalmente todo eso era suyo, ¡y de sus hijos!
Y resulta que ahora todo había pasado a manos de Louis.
—¡Y ahora hasta se quiere divorciar de mí! ¡Con qué cara me pide el divorcio!
Hablar del divorcio ponía a Daniela aún más frenética.
Angélica suplicó:
—Mamá, te ruego que ya no hagas panchos, ¿sí? Si sigues así, papá de verdad se va a divorciar de ti.
La Angélica de ahora tenía mucho miedo de los escándalos de Daniela.
Angélica había visto claramente la impaciencia total en los ojos de Marcelo.
Si seguía peleando, realmente no le traería ningún beneficio a Daniela.
Daniela murmuró:
—Él no lo haría...
Comparada con el miedo de Angélica, Daniela sonaba muy poco segura al decir esas palabras.
Si fuera antes, estaría absolutamente convencida de que Marcelo no le haría eso.
¡Pero ahora era diferente!
Ahora, después de que Louis regresó, esta casa ya no era la de antes.
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