—¿Pero cómo lo lograste?
Isabel tenía muchísima curiosidad ahora. ¡¿Qué había hecho Vanesa?!
—Simplemente le dije —respondió Vanesa—, ¡que nosotras no vamos a cuidar de Andrea!
Isabel: «...»
Andrea: «...»
O sea, ¿solo le dijo eso?
Disculpen, pero, ¿eso estaba bien?
La comisura de los labios de Isabel se crispó.
—¿De verdad crees que está bien decirle eso a alguien que está tan mal de salud?
—Pues por eso mismo, ¡tiene que recuperar la salud!
Isabel y Andrea se quedaron calladas.
La lógica parecía tener sentido, ¡pero sentían que algo no cuadraba!
Solo que no sabían explicar qué era lo que estaba mal.
En fin, Vanesa había resuelto el problema con Virginia, y Virginia había aceptado la cirugía.
Vanesa jaló a Isabel para que regresara a guardar reposo por la cuarentena, mientras decía:
—Mira, con la gente, a veces cuando las buenas palabras no funcionan, ¡hay que usar medidas extremas!
—¿Así es como tratas a Yeray Méndez? —preguntó Isabel.
—Por supuesto, a ese no se le puede andar con mimos. ¡A veces los mimos no sirven de nada!
—Pero tratar así a la tía...
—Ella está lúcida ahora. Mientras le duela dejar a su hija desamparada, lo demás no importa.
Isabel no tuvo argumentos.
La lógica, bueno, parecía ser esa, ¿no?
Después de tanto trabajo para encontrar a su hija, ¿cómo no le iba a doler a Virginia dejarla?
Andrea vio las espaldas de Isabel y Vanesa alejándose y se rascó la cabeza, confundida.
Cuando Mathieu llegó, la encontró parada en la sala como pasmada.
Se acercó y le pellizcó la mejilla.
—¿Qué haces ahí parada, bobita?
—Tú... vete preparando para operar a mi mamá.
—¿Aceptó?
Mathieu todavía estaba pensando que, si no aceptaba, él tendría que usar su último recurso.
Andrea asintió.
Al escuchar el nombre de Paulina, prefirió no decir nada.
Paulina ya le había contado todo eso antes.
Vanesa había sido implacable para entrenarla; muchas veces Paulina sintió que no sobreviviría bajo el mando de Vanesa.
—¿No te enoja que haya tratado así a tu mamá?
Andrea se quedó atónita ante la pregunta de Mathieu.
Luego respondió:
—Parece que a mi mamá le funciona ese tipo de trato.
No importaba el método, lo importante era que aceptara la cirugía.
—¡Qué bueno que no te enojes! —dijo Mathieu.
—¿Por qué me iba a enojar? ¡Al contrario, le estoy agradecidísima!
Desde anoche había intentado de todo.
Hasta su tío estaba por venir.
Y resultó que Vanesa subió, y en una hora, aplicando mano dura con Virginia, lo resolvió todo.
Aunque no fuera muy correcto que una joven tratara así a una mayor, ¡no había de otra...!
En momentos necesarios, ¡mientras el remedio funcione, está bien!

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