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La Heredera Salió del Infierno romance Capítulo 501

Leonor cortaba su comida con parsimonia, llevándose un bocado a los labios antes de preguntar con tono casual.

—¿Y eso? ¿Por asuntos de la empresa?

—¡Para nada! —Luna bajó la voz y se inclinó hacia ella con aire de misterio—. ¡Es por Tania!

Leonor detuvo sus cubiertos y levantó la mirada.

Luna se acercó un poco más, casi susurrando.

—Parece que Tania no ha vuelto a la residencia Ramos en todos estos días. ¡Mi hermano me dijo que se instaló de nuevo con la familia Sandoval!

—Leonor, ¿no te parece rarísimo?

—Desde que Tania se casó con mi hermano, se había aferrado a nuestra casa como una garrapata. Y ahora, de buenas a primeras, sin que mi mamá ni mi hermano la hayan echado, se empeña en regresar a su casa.

Luna arrugó la nariz con desagrado.

—Quién sabe qué clase de teatrito estará armando ahora...

Los ojos de Leonor destellaron levemente, pero su tono se mantuvo inalterable.

—Sus asuntos no tienen nada que ver con nosotras.

Alguien de la calaña de Tania solo podía ser controlada por una familia como los Ramos.

Luna suspiró, resignada.

—Supongo que tienes razón. De todos modos, tarde o temprano mi hermano terminará divorciándose de ella.

Luna bajó la cabeza y siguió comiendo juiciosamente, pero no pasó mucho tiempo antes de que volviera a murmurar por lo bajo.

—Aunque la verdad es que Tania ha estado muy rara últimamente...

Volvió a bajar la voz.

—Escuché a mi mamá decir que, unos días antes de irse a casa de los Sandoval, la escucharon vomitando varias veces en el baño, y que según ella era gastritis...

Los dedos de Leonor se detuvieron en seco. Frunció el ceño y levantó la vista hacia Luna.

¿Vomitando varias veces?

Ethan y Tania estaban recién casados; si ella hubiera quedado embarazada, sería lo más natural del mundo.

El problema era que Luna, siendo la víctima de las fechorías de Tania y la hermana de Ethan, seguramente no saltaría de alegría al enterarse de la noticia.

Después de todo, Ethan había sido capaz de meterse en la cama con la misma mujer que lastimó a su propia hermana, y todo a pesar de saber la verdad.

Su "profundo amor" fraterno no era más que una farsa.

Una fugaz sonrisa irónica cruzó el rostro de Leonor. Dejó los cubiertos sobre la mesa con disimulo y le habló a Luna con un tono suave pero firme.

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