Guié a Christian hasta un pequeño espacio más reservado, cerca de las ventanas que daban vista al jardín del hotel. Era un rincón pensado para conversaciones privadas entre compradores y representantes, pero en ese momento, servía como nuestro refugio temporario del bullicio del evento.
"Un evento impresionante", comentó, mirando alrededor. "Pero no me sorprende, considerando quién lo organizó."
"Gracias." Ofrecí una pequeña sonrisa profesional, manteniendo mi postura firme a pesar del torbellino interno. "¿Te gustaría conocer nuestras nuevas líneas?"
"En realidad, quería saber cómo estás."
La pregunta sincera me tomó desprevenida. No era el CEO hablando con una representante de la competencia. Era Christian preguntando sobre Zoey.
"Estoy bien", respondí automáticamente, entonces dudé. "En realidad, estoy excelente. Encontré mi camino."
"Puedo verlo." Asintió, sus ojos recorriendo discretamente mi atuendo profesional, la nueva confianza en mi postura. "Eduardo Méndez tuvo suerte al contratarte. Interesante que nunca mencionó eso en las reuniones de la Asociación."
Un mesero pasó y Christian tomó dos copas, ofreciéndome una. La acepté más para tener algo que hacer con las manos que por deseo de probar el vino.
"Comencé hace casi dos meses, durante mi curso de actualización."
"Conveniente para él", comentó Christian, observándome por encima del borde de la copa.
Fruncí el ceño.
"¿Qué quieres decir?"
"Solo que algunas contrataciones son... estratégicas."
Sentí un hormigueo de incomodidad. El comentario hizo eco de mis propias dudas sobre el interés de Eduardo en mi "conexión" con los Bellucci.
"Fue una coincidencia", afirmé, más para mí misma que para él.
"¿Alguien tan escéptica como tú realmente cree eso?", preguntó con una pequeña sonrisa, como si hubiera notado algo sobre mí durante esos días que pasamos juntos.
El silencio que siguió estaba cargado de todo lo que no decíamos. Preguntas sobre su abuelo, sobre los tres meses que pasamos separados, sobre esa mañana frente a mi casa. Su mirada se demoró en mi rostro como si buscara cambios, como si tratara de leer mis pensamientos.
Nos quedamos así, analizándonos el uno al otro, hasta que la proximidad comenzó a afectarme físicamente. Mi pulso se aceleró, y sentí un calor familiar subiendo por el cuello: esa reacción automática que solo Christian lograba provocar.
"Te ves bien, Zoey", dijo finalmente, su voz más suave, casi íntima.
"Tú también", logré decir. "Aunque un poco cansado."
Su mirada se suavizó con mi observación, como si apreciara que aún pudiera notar detalles así.
"¡Christian!" La voz de Eduardo Méndez cortó el momento como un cuchillo. Se acercó con una sonrisa excesivamente amplia. "¡Qué placer tenerte en nuestro evento! Veo que ya encontraste nuestra más reciente adquisición."
"Sí, estábamos recordando los viejos tiempos", respondió Christian, volviendo instantáneamente al profesionalismo pulido.
"Tres meses no son exactamente 'viejos tiempos'." Eduardo rió, poniendo un brazo alrededor de mis hombros de manera casi posesiva. "Zoey ha sido invaluable para nuestro equipo. Perspectivas frescas, ideas innovadoras, y por supuesto... conexiones valiosas."
La mandíbula de Christian se tensó sutilmente. Casi imperceptible para quien no lo conociera, pero para mí, era una señal clara de irritación contenida.
"Está liderando nuestro evento intersectorial del próximo mes", continuó Eduardo, su tono falsamente casual. "Bellucci estará presente, espero?"


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