El interior del auto se sumió en un profundo silencio, pero el panel divisor no volvió a subir. Josefina mantenía la mirada baja, callada. Benjamín no escuchaba su voz y no sabía qué estaba pensando.
Decidió no darle más vueltas al asunto y cerró los ojos para descansar.
El auto avanzaba con suavidad por las calles. Unos treinta minutos después, entraron al estacionamiento subterráneo del Residencial Valle Niebla.
El chofer bajó del auto y se marchó.
Benjamín extendió la mano para abrir la puerta, pero en ese preciso instante, Josefina tomó su mano.
Él se giró confundido y preguntó:
—¿Qué pasa...?
Sin embargo, antes de que pudiera terminar la frase, una sensación suave lo tomó por sorpresa.
El delicado perfume que le pertenecía solo a ella lo envolvió de golpe, apoderándose por completo de sus sentidos.
Benjamín se quedó paralizado un momento. El toque en sus labios era innegable; era... ella besándolo.
No había forma de equivocarse.
La nuez de Adán en su cuello se movió al tragar saliva. Extendió una mano para quitarse las gafas oscuras y, con la otra, sujetó la nuca de ella para profundizar el beso.
Esa iniciativa por parte de ella era demasiado inusual; por supuesto, él no iba a desaprovechar la oportunidad.
Sus labios se rozaban, entrelazando cada respiración en un ritmo apasionado.
El aliento de ambos se volvió cada vez más agitado. A pesar de que el aire acondicionado del auto estaba encendido, sentían un calor inusual.
Al finalizar el prolongado beso, la voz de Benjamín sonaba más ronca. Al no poder ver su rostro, solo pudo preguntarle:
—Josefina, ¿qué estás haciendo?
Pero ella no le respondió; en su lugar, se movió y se sentó a horcajadas sobre sus muslos.
Benjamín se reclinó hacia atrás sorprendido por su repentino movimiento; sus manos instintivamente la sujetaron por la cintura.
Su respiración se tensó y su tono adquirió un matiz peligroso.
—¿Te das cuenta de lo que estás haciendo?
Josefina estiró la mano, le aflojó la corbata y luego comenzó a desabotonarle la camisa uno a uno. Sus dedos terminaron descansando en la hebilla metálica de su cinturón.

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