¡A Mauricio le temblaron las piernas del susto!
El secretario lo sostuvo de inmediato y preguntó preocupado: —¿Señor Zárate, se encuentra bien?
Mauricio guardó su celular rápidamente y dijo: —Yo... estoy bien.
Se pasó la mano por el rostro y respiró hondo varias veces para calmarse antes de decirle a su secretario: —Cancela la investigación.
El secretario se sorprendió: —¿Y qué hay de las heridas de la señorita?
Mauricio cerró los ojos por un instante y dijo: —Es demasiado caprichosa, tiene que aprender que siempre hay alguien más fuerte en este mundo.
El secretario estaba confundido y desconcertado, pero no hizo más preguntas.
Mauricio, por su parte, sentía terror.
Si esas pruebas salían a la luz, no solo él, ¡sino toda la familia Zárate quedaría arruinada!
Menos mal...
Menos mal que aún no había ofendido a Josefina de manera irremediable.
Ya no le importaba qué clase de respaldo tuviera; solo rezaba para que ella no se ensañara con los Zárate.
...
—¡Guau! ¡Jose, lo de hace un rato fue espectacular!
Caminando por la calle, Lorena no dejaba de llenarla de elogios. La miraba con ojos que brillaban como estrellas, llenos de admiración.
Josefina respondió: —Ya no tengo nada, así que no me importa nada. Por eso no les tengo miedo.
Y ahora ella sería a quien temieran.
Con ese nivel de intimidación, no se toparía con más peligros.
Lorena se colgó de su brazo: —¡Sí! ¡Me voy a aferrar a ti como una sanguijuela! Tienes que protegerme desde ahora, ¡te seguiré a todas partes!

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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