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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 1035

Había pasado exactamente media hora desde el último mensaje.

Josefina sonrió y caminó hacia el auto estacionado en la calle.

Lorena la miraba impaciente asomada por la ventana. Al verla regresar, el alivio fue evidente en su rostro.

—¿Cómo te fue, Jose? ¿Te hizo algo?

Lorena preguntó apresurada en cuanto Josefina subió al auto. A sus ojos, Eduardo era un malnacido hipócrita y traicionero.

Si se acercaba a Josefina, seguro era con malas intenciones.

Josefina negó con la cabeza: —No.

Lorena parpadeó, desconcertada: —¿Entonces para qué te quería?

Josefina la miró y le dijo: —Tal vez te suene muy raro, pero dijo que quería ayudarme con el divorcio y con mis problemas.

Al terminar de hablar, su rostro adoptó una expresión de incredulidad absoluta. Era algo que no tenía ni pies ni cabeza.

Lorena también se quedó helada: —¿De verdad te dijo eso? ¿Se tomó la medicina equivocada o qué?

Josefina se encogió de hombros, indicando que tampoco entendía nada.

Encendió el auto y se dirigió hacia Residencial Valle Niebla.

Al atardecer, el sol tiñó el horizonte de un vibrante rojo dorado, tan deslumbrante como un fénix renaciendo de las cenizas.

Lorena iba en el asiento trasero, con la mirada baja y el ceño fruncido, tratando de encajar a este nuevo Eduardo con el monstruo que recordaba.

Pero no importaba cómo lo analizara, las piezas no encajaban.

El Eduardo de sus recuerdos era un hombre inalcanzable. Se había fijado en el talento de sus padres y quería reclutarlos, pero jamás se dignó a conocerlos en persona. Solo enviaba a un secretario igual de arrogante.

Como lo rechazaron varias veces, rastreó la zona de rescate donde trabajaban y mandó un helicóptero a bombardearlos...

Soberbio, despreciable y cruel.

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