—Está bien, gracias.
Josefina sonrió levemente, sintiéndose aún muy agradecida con Manuel.
Él siempre estaba dispuesto a ponerse de su lado, a ayudarla y protegerla.
Manuel sacudió la cabeza con impotencia.
—Te lo he dicho muchas veces, no me des las gracias. Ahora somos amigos, y lo más importante, socios inseparables.
—Mjm, de acuerdo.
Josefina asintió, se inclinó para jugar un rato con su perro y luego se dio la vuelta para subir.
Al salir del ascensor, giró hacia su apartamento, pero de reojo notó que la puerta de al lado estaba abierta.
Miró hacia allá instintivamente y vio que todos los muebles de al lado habían sido sacados. El hombre que antes había tocado su puerta borracho en medio de la noche estaba de pie en la entrada, pero tenía la cara llena de moretones, el brazo izquierdo fracturado y se veía en un estado lamentable.
Él la miró e inmediatamente desvió la mirada, con un destello de miedo en los ojos.
Josefina solo le dio un vistazo indiferente y retiró la vista; parecía que su vecino se iba a mudar.
Eso era bueno, así nadie vendría a golpear su puerta a medianoche.
Al volver a casa, se dio una ducha y repasó todo lo que había sucedido ese día.
Primero, la persona misteriosa le había enviado la medicina, y luego se había encontrado con Eduardo Hurtado...
Le dolía un poco la cabeza. No podía descubrir la identidad de la persona misteriosa, ni tampoco las intenciones de Eduardo.
Se sentía como si estuviera envuelta en una espesa niebla, incapaz de ver hacia dónde debía dirigirse.
—Uf...
Josefina dejó escapar un suspiro y decidió no pensar más en ello. Encendió su celular, entró a su juego y dejó que su mente y sus nervios se relajaran.
...
Gracias a la generosidad de Benjamín, ella podía ir a practicar al Residencial Valle Niebla una hora cada día. Valentín la contactó para informarle la tarifa por hora: treinta mil. Ella aceptó sin intentar negociar.
La expresión de Valentín fue un tanto extraña. Tosió levemente y dijo:
—Señora, en realidad no es necesario que haga esto. Si usted viviera en el Residencial Valle Niebla...
—Me parece bien así —respondió Josefina con expresión serena—. Todo con un precio claro, un intercambio justo y sin deudas pendientes.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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