Ese restaurante se lo había recomendado Manuel. Había ido dos veces y la comida le parecía excelente.
Cuando llegó en su auto, vio que Manuel ya estaba ahí.
—Josefina —Manuel le sonrió, mirándola con mucha dulzura.
Josefina se sorprendió un poco.
—Manu, ¿cómo llegaste tan rápido?
Él rio suavemente.
—Estaba por aquí cerca, así que me vine justo después de que hablamos.
Así que era eso.
Josefina asintió levemente, tomó asiento y empezó a mirar el menú para pedir.
Cada uno pidió un par de platillos, todos los favoritos del otro.
Cuando sirvieron la comida, Josefina habló sobre el futuro del estudio. Sus ojos brillantes reflejaban una profunda ilusión.
—En estos días no he dejado de imaginar cómo será todo cuando el estudio abra. Estaré muy ocupada, sumergiéndome de nuevo en la carrera que amo. Y cuando recupere la voz, seguiré interpretando a distintos personajes.
Manuel asintió con una sonrisa.
—Así será. Nuestro estudio abrirá muy pronto y ese futuro que imaginas está a la vuelta de la esquina.
Josefina miró la comida en su plato, con una tristeza que no podía ocultar en la mirada. Respiró hondo, levantó la vista hacia él y dijo con sinceridad:
—Manu, lo siento mucho, pero voy a tener que romper mi promesa otra vez.
Al escucharla, Manuel se detuvo de golpe. Se ajustó las gafas y preguntó confundido:
—¿A qué te refieres?
—Últimamente me he cruzado con gente del extranjero y tengo la sensación de que me están vigilando. No puedo seguir adelante con el estudio. Aparte de ti, hay otras personas inocentes involucradas y no quiero arrastrarlas a mis problemas.
La expresión de Manuel se volvió grave.
—¿Entonces tu seguridad está en riesgo? Tal vez yo podría...
—Manu —lo interrumpió Josefina—. No quiero involucrar a nadie.

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