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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 1046

—¡¿Jose?!

Estaba tan emocionado y desorientado que olvidó por completo la distribución del lugar, y se lanzó hacia ella tropezando y golpeándose contra todo a su paso.

Al ver eso, a Josefina se le encogió el corazón. Corrió rápidamente hacia él y lo sujetó por el brazo.

—¿Qué estás haciendo?

Pero, en un segundo, Benjamín la rodeó entre sus brazos.

Sus brazos la apresaban como tenazas, apretándola con fuerza como si quisiera fundirla en su cuerpo.

Josefina comenzó a sentir que se ahogaba. Le dio una palmada en la espalda.

—¿Quieres matarme? Suéltame.

—No te soltaré —Benjamín bajó la cabeza, su respiración cálida rozando el cuello de la mujer, y con un temblor incontrolable en la voz, murmuró—: Tú viniste a buscarme. No te soltaré.

A Josefina casi le da risa por el coraje. Apoyó la barbilla en el hombro de él e inclinó un poco la cabeza hacia atrás. En ese momento, sin saber bien por qué, sintió una extraña tranquilidad. Todo aquel rechazo y resistencia del pasado se habían esfumado sin que ella se diera cuenta.

Después de un largo abrazo, Benjamín la soltó poco a poco.

—¿Qué comida es? —preguntó.

—Costillas estofadas, verduras salteadas y sopa de pollo —respondió ella.

Benjamín no pudo evitar sonreír, una sonrisa que iluminó su rostro. Acunó el rostro de la mujer entre sus manos; aunque no podía verla, sabía, sin ninguna duda, que ella lo miraba con profunda ternura.

—Gracias —dijo él, con total sinceridad.

Pero Josefina desvió la mirada. No se atrevió a mirarlo a los ojos.

—La comida ya está caliente, bajemos a cenar.

—De acuerdo —Benjamín no protestó y la acompañó hacia abajo.

Lorena había estado vigilando la escalera todo el tiempo, y al verlos bajar juntos, les dedicó una sonrisa traviesa.

Josefina no se inmutó por aquello. Llevó a Benjamín al comedor, se sentó a su lado y se dedicó a observarlo cenar.

—Tienes que comer bien estos días. Tu salud es lo más importante.

Benjamín, que estaba a punto de tomar la sopa, se detuvo.

—¿Te preocupas por mí?

—Es simple preocupación humanitaria —le respondió con tono indiferente—. Al fin y al cabo, yo también quiero que recuperes la vista.

—Oh... —él soltó una pequeña carcajada, sin darle más vueltas al asunto.

El solo hecho de que hubiera ido allí era más de lo que jamás había imaginado.

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