Antes de que ella pudiera preguntar, él ya había empezado con su análisis, con voz grave y pausada:
—Si se conocieran, ambos habrían fingido no hacerlo, no que uno saludara y el otro lo negara. Seguro Manuel no se atrevió a admitirlo frente a ti. De hecho, lo más probable es que en este preciso momento estén juntos.
—Tienes razón —Josefina asintió, y luego preguntó—: Entonces Manuel debe ser de la gente de Ariadna. Pero, ¿qué es lo que busca al estar rondándome?
Comenzó a recordar todo lo que había pasado desde que lo conoció y se dio cuenta de que, tal como él había dicho, nunca le había hecho daño.
La confusión se reflejó en su rostro.
—¿Se acercó a mí por órdenes de Ariadna? Ya se ha ganado mi confianza, y sin embargo, no ha hecho absolutamente nada...
La voz de Benjamín volvió a sonar desde el otro lado de la línea:
—Porque se enamoró de ti y ahora no es capaz de lastimarte, así de simple.
—... —Josefina se quedó en silencio.
Dejó de darle vueltas al asunto y le dijo:
—Gracias por el análisis, ya tengo las cosas más claras.
Benjamín insistió con un tono amargo:
—Descubrir que alguien con un trasfondo tan oscuro nunca te ha tocado ni un pelo... debe ser muy conmovedor, ¿verdad?
—... —Josefina volvió a guardar silencio.
—Colgaré —dijo con total frialdad, y cortó la llamada.
Se frotó las sienes y luego esbozó una leve sonrisa.
Ariadna realmente se estaba esforzando al máximo para deshacerse de ella, incluso le había plantado una bomba a su lado de manera tan cuidadosa.
La pregunta era, ¿esa bomba iba a explotar?
¿Debería seguir confiando en él o no?
...
Una hora y media después.
El sonido de un motor resonó fuera del Residencial Valle Niebla.
Poco después, unos pasos ligeros se adentraron en la sala.

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