—¡Si ahora quieres compensarlo, ya es tarde! —Teresa se puso de pie, rehusándose a estar demasiado cerca de él por miedo a perder el control y seguir golpeándolo—. ¡Si Benjamín se enterara de la verdad de lo que pasó hace cuatro años, te mataría!
Al ver que se iba, Vicente se apresuró a alcanzarla y la tomó del brazo.
—Teresa, tienes que ayudarme, solo tú puedes hacerlo. Benjamín y yo somos padre e hijo, no puede hacerme daño, de lo contrario su reputación se irá al suelo. ¿Qué pensaría la gente de él?
Teresa dudó. Su rostro aún ardía de furia, pero era evidente que sus emociones comenzaban a calmarse poco a poco.
Al notar esto, Vicente continuó hablando.
—Teresa, Benjamín ha perdido la vista y Josefina León quiere divorciarse de él. En el futuro, solo nos tendrá a nosotros para acompañarlo. Ayúdame, dame la oportunidad de enmendar mis errores, ¿sí? Ya perdimos a Diego, no quiero perder también a Benjamín.
Teresa vaciló. Lo miró a los ojos.
—¿De verdad piensas eso?
—Sí —asintió Vicente, con una mirada llena de firmeza—. Haré todo lo que esté en mis manos para compensarlo, hasta que Benjamín esté dispuesto a perdonarme.
Teresa frunció el ceño.
—Entonces ve a buscar a Benjamín. ¿Para qué me buscas a mí?
—Ah...
Vicente dejó escapar un suspiro de resignación.
—Benjamín debe estar demasiado decepcionado de mí. Por eso me llamó para hablar, me exigió que me divorciara de ti y que me fuera de la familia renunciando a todo. Ya no quiere volver a verme.
—¿Qué?
Al escuchar esto, el rostro de Teresa se llenó de asombro.
¿Benjamín realmente haría algo así?
Lo miró con desconfianza.
—¿De verdad esas fueron las palabras de Benjamín?

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