Teresa lo miró sin inmutarse; ese repentino cambio de actitud y esa disculpa no lograron conmoverla en lo absoluto.
Desde que cruzó la puerta de entrada y vio lo demacrado que estaba, intuyó que había venido con el único propósito de decirle algo.
Teresa dio media vuelta y se sentó en el sofá, mirándolo con absoluta frialdad.
—¿Sobre qué asunto?
Vicente Gutiérrez se quedó paralizado; no se esperaba una reacción tan fría de su parte.
Conociendo su carácter de antes, lo normal habría sido que saltara angustiada preguntándole qué había pasado.
A lo largo de los años, ella le había seguido demostrando su afecto.
Y luego de la muerte de Diego, Teresa había sufrido un golpe devastador, porque, para ella, él siempre fue como su propio hijo.
Los ojos de Vicente Gutiérrez se llenaron de emociones encontradas. Dio un paso adelante y se agachó frente a ella. Entre su cabello oscuro resaltaban algunas canas, y su rostro estaba marcado por el desgaste; ya no quedaba rastro del hombre imponente que alguna vez fue. Ahora solo había un hombre agotado por la vida.
—A lo largo de estos años, te he mantenido engañada sobre algunas cosas...
—Así que es cierto que planeabas asesinar a Benjamín —soltó Teresa con el rostro desbordado por la decepción, sin dejarlo terminar.
La expresión de Vicente Gutiérrez se congeló de nuevo. ¡Pero rápido ató cabos: ella ya estaba al tanto del accidente de avión de hacía cuatro años!
¡Y solo sabía eso!
¡Quizás esta era su única oportunidad de salvarse!
Los pensamientos de Vicente Gutiérrez se agolparon a gran velocidad en su cabeza, y al instante, su rostro se tiñó de remordimiento.
—Sí... He pagado muy caro el error que cometí. Estos años he vivido un infierno en la tierra.
¡Plaf!
Teresa levantó la mano sin pensarlo y le propinó una tremenda bofetada en pleno rostro.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
Alguna forma de leer gratis?????...