Josefina contuvo la respiración. Que él hubiera perdido el control de esa manera probablemente significaba que acababa de descubrir la identidad de la persona que lo quería muerto.
Y lo más seguro es que fuera alguien inaceptable para él.
La mirada de Josefina se fijó en sus manos. Eran manos de nudillos marcados, llenas de fuerza.
Y en ese momento, le estaban dando un masaje con la presión exacta para aliviar el entumecimiento de su pierna. La sensación de hormigueo fue cediendo, para dar paso a un punzante dolor agudo.
Tenía que soportar ese dolor punzante para que la molestia desapareciera por completo.
Levantó la mirada hacia él y preguntó en voz baja:
—¿Qué tienes pensado hacer?
—Él solo sintió miedo de perderlo todo, no estaba realmente arrepentido —dijo Benjamín con un tono frío—. No se la voy a dejar fácil.
—Si ya tomaste una decisión, entonces haz lo que creas correcto. Tú fuiste el lastimado, el que sufrió; tienes todo el derecho de hacerle lo que quieras a la persona que te hizo daño.
Al escucharla, Benjamín giró su rostro hacia ella. Sus hermosos ojos parecían observarla, aunque en realidad seguían carentes de todo brillo.
La nuez de su garganta subió y bajó antes de murmurar:
—Jose, yo te hice tantas cosas que te lastimaron. ¿De verdad solo querías divorciarte? ¿Acaso no quieres vengarte de mí?
La expresión de Josefina era completamente serena, pues su corazón ya había encontrado la paz.
Ella le respondió con dulzura:
—Porque una vez nos amamos, y no quiero que terminemos convirtiéndonos en personas monstruosas a los ojos del otro. Todo el dolor que pasamos solo es una prueba de que no estábamos destinados a estar juntos.
Al escuchar sus palabras, la respiración de Benjamín se volvió un poco más pesada, e incluso sus manos se detuvieron sobre las piernas de ella.
El entumecimiento ya había desaparecido por completo.
Josefina quitó sus piernas de encima de las de él y preguntó:
—¿Entramos?
—Sí —asintió Benjamín.
—Entonces vamos, entremos primero —dijo ella.
Ambos bajaron del carro y entraron juntos a Residencial Valle Niebla.
En la sala de estar, Lorena estaba recostada en el sofá, comiendo una manzana a mordiscos. Al verlos entrar, les preguntó intrigada:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
Alguna forma de leer gratis?????...