Valentín esbozó una leve sonrisa y dijo:
—Entiéndanos, señor Fuentes. La vista del director Gutiérrez no está muy bien; necesita protección en todo momento.
Manuel miró a Benjamín con expresión indescifrable y preguntó:
—¿Ni siquiera la medicina de la doctora Beltrán le está haciendo efecto?
Benjamín soltó un bufido despectivo.
—A estas alturas, me pregunto si tú y esa tal doctora Beltrán no están confabulados para dejarme ciego a propósito.
El tono de Manuel también se volvió gélido.
—Director Gutiérrez, cuide sus palabras. La doctora Beltrán también le recetó remedios a Josefina, y gracias a eso recuperó la voz.
—¿Y acaso es muy difícil alterar la medicina? —replicó Benjamín—. Tan fácil como fue para ti ocultar tu identidad y rondar cerca de ella. ¿Para quién trabajas? ¿Para Ariadna Hurtado?
Manuel guardó silencio un momento antes de responder.
—Jamás le haría daño a Josefina.
—Justamente por eso sigues vivo —sentenció Benjamín con voz fría—. Ya que trabajas para Ariadna, ¿qué sabes del intento de asesinato? ¿Dónde está Josefina ahora?
—No lo sé.
La voz de Manuel denotaba genuina preocupación.
—Sufrieron una emboscada. No lograron asesinarla.
Valentín intervino de inmediato, ansioso:
—¿Quiere decir que la señora sigue viva?
Manuel lo miró de reojo.
—Hasta donde sé, Josefina y el director Gutiérrez ya se divorciaron. Deberías dejar de llamarla así, para evitar malentendidos.
—Es la costumbre. No puedo evitarlo —respondió Valentín.
Manuel frunció el ceño, mirándolo con hostilidad, pero Valentín no se dejó intimidar y le sostuvo la mirada con tranquilidad.
Benjamín preguntó con voz grave:
—¿Estabas al tanto del ataque?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
Alguna forma de leer gratis?????...