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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 1168

No hizo nada, ni siquiera se bajó del auto; simplemente se quedó ahí sentada, en silencio, observando a la gente que entraba y salía de la zona residencial.

Hoy parecía ser su día de suerte, porque poco después de estacionarse, vio pasar un vehículo muy familiar.

Era el auto de Benjamín.

Las ventanas tenían un polarizado oscuro, así que era imposible ver hacia el interior.

Josefina bajó la mirada, recordando el día en que se separaron en malos términos y él le dijo todas esas palabras tan crueles.

En ese momento, ella realmente se había enfurecido.

Pero ahora, analizándolo con frialdad, sabía que lo hizo con la única intención de alejarla y no involucrarla en sus problemas.

El destino era así de irónico; siempre parecían conectarse en el momento más inoportuno.

Ahora ya no tenían nada que ver el uno con el otro.

Ella estaba a punto de marchar hacia un nuevo campo de batalla, donde su vida o muerte serían inciertas, pero también confiaba en que el tiempo lo curaría todo.

Mantenerse alejados era lo mejor para ambos.

Josefina levantó la mirada y notó que el auto familiar ya había desaparecido. Encendió el motor y se marchó del lugar.

Condujo hasta la casa de León; tras la quiebra del Grupo León, ella misma la había comprado.

Era el lugar donde creció. Aunque los últimos diez años allí habían sido miserables, sus primeros diez años de vida —los más felices de su infancia— los había pasado ahí.

Alguien iba regularmente a limpiar, por lo que la casa se mantenía impecable. Caminó despacio por el jardín. Casi no había cambiado, a excepción de las muchas plantas que Magdalena había hecho traer porque le gustaban.

Josefina se quedó mirando esas plantas por un largo rato. Cuando regresara, ¡cambiaría el jardín por completo y tiraría todo lo que odiaba!

Finalmente, se detuvo frente a la puerta del antiguo cuarto de servicio.

Era el lugar donde guardaban las cosas viejas. La ventana era diminuta, y cuando la puerta se cerraba, quedaba en completa oscuridad.

Era el mismo lugar donde la encerraban como castigo.

Su mirada se volvió gélida. ¡Iba a demolerlo! ¡En cuanto volviera, echaría abajo ese cuarto!

¿En qué siglo vivían para seguir castigando a alguien encerrándolo en un cuarto oscuro?

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