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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 1179

Lorena simplemente optó por ignorarlo.

Sin embargo, al no conseguir su objetivo, Kevin no iba a dejarlo pasar tan fácilmente.

La miró con una sonrisa a medias.

—¿De verdad no piensas curarme? Si lo haces, te juro que dejaré de molestarte.

Lorena le respondió de forma tajante:

—No puedo curarte.

Ya le había tomado el pulso y comprobó que él no estaba enfermo en absoluto, ¿cómo iba a curarlo?

—No me digas. ¿No decías ser tan experta? ¿Ni siquiera puedes tratarme este pequeño problema? Si eso llega a oídos de los demás, ¿dónde va a quedar el prestigio de tu nombre? —Kevin la miró con una expresión exagerada.

Su actitud parecía indicar que, en cualquier momento, iba a bajar la ventanilla para gritarle al mundo que Lorena era una farsa.

A nadie le gusta que le digan que no es capaz de hacer algo.

Lorena apretó los puños, controlando su temperamento mientras lo miraba.

—¿Qué es lo que quieres exactamente?

Kevin se señaló a sí mismo, dibujando una sonrisa y le dijo:

—Me curas y, si lo consigues, te pagaré cien millones y prometo no volver a molestarte. ¿Qué dices?

Cien millones...

La cifra dejó a Lorena algo mareada por un momento.

Pero el simple pensamiento de tener que soportar su cara todos los días para tratarlo le causaba un fuerte rechazo.

Kevin añadió lentamente:

—No tengo prisa, puedes pensarlo con calma. Solo avísame cuando tengas tu respuesta.

Lorena volteó la cara de inmediato, dándole la espalda.

Kevin observó su nuca con diversión. Una leve sonrisa se asomaba en sus labios, evidenciando que estaba de muy buen humor.

...

A las cuatro de la madrugada, Lorena y Kevin llegaron al hospital. Al empujar la puerta de la habitación, vieron que Benjamín ya estaba vestido por completo. El abrigo negro delineaba su esbelta y firme figura, desprendiendo un aura de nobleza y severidad.

Lorena, que se moría de sueño, se sorprendió al verlo así y le preguntó:

—Director Gutiérrez, ¿adónde va?

Benjamín volteó y dijo:

—Llegas en el momento justo, revísame.

Aún algo adormilada, Lorena se acercó, puso sus dedos sobre su pulso y lo sintió con atención.

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