Al verla armar ese drama, cada vez más exagerado, la paciencia de Eduardo se agotó.
—Si no tienes nada más que decir, mejor vete. Estoy ocupado —le respondió fríamente.
Era realmente extraño.
¿Por qué cuando Josefina fingía no sentía esa misma impaciencia?
Y eso que la actuación de Josefina no era ni la mitad de buena que la de Ariadna.
Sin decir más, le dio la espalda y entró a la casa.
El rostro de Ariadna se descompuso de rabia.
*¿Y qué si lo sabe?
Sin pruebas, no puede hacerme nada.
En cuanto a si esa perra logrará ganarse su lugar en la familia Hurtado...
Ja. La familia Hurtado no es un lugar al que cualquiera pueda entrar así como así.*
...
Josefina fue directamente a su habitación. Se recostó en la cama, cerró los ojos y en su mente apareció la mirada preocupada y contenida de Yolanda.
Se dio la vuelta para evitar seguir dándole vueltas al asunto.
En ese momento, su celular sonó. Lo revisó y vio un mensaje de Felipe.
Felipe: [¿Cómo te fue hoy?]
Josefina: [Felipe, estoy bastante bien, no te preocupes.]
Felipe: [¿Es fácil tratar con los Hurtado?]
Josefina: [No lo sé, me mantengo muy alerta con todos ellos.]
Felipe: [Sí, me parece muy bien.]
Al leer sus mensajes, Josefina frunció un poco el ceño; sentía que algo no cuadraba.
Lo pensó un momento antes de volver a escribir en el teclado.
Josefina: [Felipe, ¿tú también estás en San Jerónimo?]
Felipe: [Sí, ando por aquí en una misión.]
Josefina: [Entonces no te interrumpo más, hablamos cuando tengas tiempo libre.]
Felipe: [Ahorita no estoy ocupado.]
Josefina: [...]
*¿Qué significa eso?
¿Acaso quiere seguir chateando?
Pero si nosotros nunca hemos tenido mucho de qué hablar.*
Justo cuando no sabía cómo continuar, el celular vibró de nuevo con otro mensaje de Felipe.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
Alguna forma de leer gratis?????...