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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 1241

Eduardo miró fijamente a Josefina. Emanaba una intensa sensación de opresión a su alrededor, pero extrañamente, esa presión no la afectaba a ella.

Al final, él se pellizcó el puente de la nariz con resignación y, cuando volvió a abrir los ojos, su mirada denotaba tristeza y frustración.

—Josefina, soy tu hermano, jamás te haría daño. ¿Por qué te niegas a confiar en mí?

Se había enojado por un instante, pero solo fue eso, un instante.

Realmente era incapaz de perder la paciencia con Josefina.

No lograba entender por qué; era como si no importara lo crueles que fueran sus palabras, él nunca llegaba a molestarse de verdad.

Simplemente se sentía impotente.

Se sentía un completo fracaso como hermano mayor.

¿Cómo era posible que, a estas alturas, ella aún no confiara en él y siguiera tan a la defensiva?

Josefina se quedó callada por un momento. Había pensado que él iba a empezar una discusión con ella, pero ¿ese era todo su reclamo?

¡Ni siquiera sabía cómo responder a eso!

Apretó las cuerdas del columpio, apretó los labios levemente y le dijo:

—No hay nada en este lugar que me haga sentir a salvo.

Dicho eso, se levantó y se dirigió de regreso a su habitación.

Eduardo se quedó mirando su espalda, notando la actitud esquiva de la chica.

*Tal vez ella también quiera intentar confiar en mí, ¿no?*

Era solo que habían pasado demasiadas cosas a su alrededor y por eso le resultaba imposible confiar en alguien a ciegas.

Eduardo se sintió todavía más frustrado.

Se sentó en el columpio y comenzó a mecerse suavemente, pensando en qué hacer para que ella se sintiera tranquila.

...

La noche era espesa.

La ciudad entera se sumió en un silencio sepulcral. En esa zona no había mucha vida nocturna; tan solo un par de corredores clandestinos pasaban por las avenidas de vez en cuando rompiendo la paz, pero el ruido se desvanecía en cuestión de segundos.

La habitación del hotel estaba iluminada a tope.

Valentín estaba rindiendo su informe sobre lo que había investigado Fabián. Su tono de voz era de absoluta gravedad.

—Director Gutiérrez, intentaron hacerle daño a la señora desde el primer día que llegó con los Hurtado. Primero, alguien cambió los regalos que le iba a dar a la Sra. Yolanda. Luego, cuando se fue a descansar en la noche, soltaron un montón de serpientes en su habitación.

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