Josefina acababa de bañarse y estaba recostada en la cama cuando su celular vibró un par de veces.
Lo tomó y se sorprendió al ver que era un mensaje de Felipe.
Felipe: [Me enteré de lo que pasó con los Hurtado. ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Acaso no confías en mí?]
Josefina se quedó boquiabierta por un momento y empezó a teclear.
Josefina: [Felipe, ¿cómo te enteraste de todo eso?]
*¿Será que Almudena se lo contó?*
Pero ella no era de las que andaban contando chismes.
Además, Josefina no le había comentado a nadie sobre los últimos acontecimientos.
El celular volvió a vibrar con un nuevo mensaje.
Felipe: [No te preocupes por cómo me enteré. No te dije las cosas solo por decirlas; si tienes cualquier problema o dificultad, puedes buscarme. Te debo la vida, ¿acaso ya lo olvidaste?]
Josefina: [Felipe, ¿de qué estás hablando?]
*No entiendo nada.*
Felipe: [Me he sentido muy culpable por haberte dejado atrás la última vez, así que busqué cualquier forma de saber cómo estabas para poder ayudarte. Por favor, no me rechaces más.]
Esa extraña sensación volvió a surgir de golpe y, esta vez, se sintió increíblemente familiar.
Josefina se quedó mirando fijamente el mensaje de texto por un largo rato, hasta que de pronto presionó el botón de videollamada.
Tres segundos después, él le colgó.
Inmediatamente después, le llegó otro mensaje.
Felipe: [Me acabo de bañar, no es buen momento para una videollamada.]
Los ojos de Josefina brillaron con picardía y sus delgados dedos empezaron a teclear sobre la pantalla.
Josefina: [¿Qué tiene de malo? Estoy soltera.]
El otro lado de la pantalla se quedó en silencio. Aparecía y desaparecía el texto "escribiendo...", pero pasaron los minutos y no le llegó ninguna respuesta.
Al ver esto, Josefina arqueó levemente una ceja.

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