—Yo te estoy contratando, así que tienes que hacerlo obligatoriamente —respondió Benjamín con un tono gélido e imponente, dejando en claro que no iba a dejarlo ir tan fácilmente.
Por alguna razón, Felipe percibió que el otro hombre le tenía cierta hostilidad e incluso sintió que se estaba desquitando con él.
¿Qué demonios estaba pasando?
¿Él ni siquiera había ofendido al tipo, o sí?
Felipe, desconcertado, buscó la ayuda de Valentín con la mirada, pero el asistente también puso cara de "lo siento, pero no puedo hacer nada por ti".
Felipe suspiró con resignación y dijo:
—Lo único que te prometo es que voy a hacer el intento. No te aseguro que vaya a funcionar.
—Tiene que funcionar. Y si no funciona, no te molestes en volver —le espetó Benjamín con desdén.
Felipe se quedó callado.
¡Ya estaba!
Por muy despistado que fuera, era imposible no notar esa enorme ola de resentimiento.
Pero, ¿qué había hecho para ofenderlo?
Felipe nunca había sido de guardarse las cosas, así que dio un par de pasos hacia enfrente, miró a Benjamín a la cara y le preguntó:
—Director Gutiérrez, ¿yo le hice algo? Soy un tipo muy simple y un poco bruto. Si cometí algún error o algo no le pareció, dígamelo de frente para que yo pueda saber en qué la regué, ¿le parece?
Benjamín respondió con total indiferencia:
—Valoro mucho tus capacidades y estoy convencido de que podrás encargarte de esto sin problemas. No le des más vueltas al asunto, solo confía en ti mismo.
Felipe no tuvo qué decir.
¡Vaya, le acababa de decir mucho y a la vez no le dijo nada!
Felipe se rindió y prefirió no mortificarse más. Se dio media vuelta y salió para contactar a Lobo Solitario.
En pocos segundos, la habitación quedó en completo silencio.
Benjamín cerró los ojos; sentía que esa rabia contenida en el pecho aún no se había esfumado. En su cabeza se repetía una y otra vez el mensaje que Josefina había mandado la noche anterior.
*"Estoy soltera".*

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