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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 203

Al escuchar eso, la expresión de Helena se volvió aún más severa.

—¿Ya escuchaste, Benjamín? Ella solo quiere amargarnos la vida para que la familia Gutiérrez no tenga paz. ¡Vamos, vayan a tramitar el divorcio ya mismo!

Josefina se esforzó por contener su emoción y miró a Benjamín.

Benjamín también la estaba mirando en ese momento; sus ojos oscuros y profundos parecían adivinar sus pensamientos al instante.

Su tono de voz era tan inexpresivo como siempre.

—Abuela, Jose y yo llevamos muchos años juntos, no voy a divorciarme. Yo me encargaré de solucionar nuestros problemas.

Hizo una pausa antes de continuar:

—En cuanto a los problemas que enfrenta el Grupo León actualmente, se deben a fallas internas de la propia empresa. Yo no he interferido en absoluto. Lo que mi suegro debería hacer es realizar una auditoría en su compañía, encontrar el problema y solucionarlo.

Helena frunció el ceño y exigió:

—¡A mí no me vengas con excusas baratas! Exijo que se divorcien. ¿Lo vas a hacer o no?

—No lo haré —habló Benjamín con voz grave, demostrando una actitud totalmente firme.

Los dedos de Helena empezaron a temblar.

—¡Tú... malagradecido! ¡Cómo te atreves a desobedecerme! ¿No crees que puedo convocar a la junta directiva y suspenderte de tu cargo?

Benjamín la miró con cierta resignación y suspiró:

—Abuela, ya eres una mujer mayor, deberías dejar de meterte en los asuntos del grupo.

Helena sintió que la menospreciaba. Lo que más coraje le daba era haber ido hasta allá para terminar sin resolver absolutamente nada.

Consumida por la furia, Helena levantó la mano y le dio una cachetada a Benjamín.

Sin embargo, al ser una mujer mayor, su golpe carecía de fuerza y apenas si se sintió.

—Abuela, ya me pegaste, ¿ya te desahogaste? Pediré que te lleven a casa —dijo Benjamín sin inmutarse.

Josefina estaba muy decepcionada. ¿Por qué no había funcionado?

—No puede tenerme encerrada toda la vida. En cuanto salga, primero me encargaré de destrozar a Magdalena. Luego iré con la familia Gutiérrez, daré en adopción a Alberto Gutiérrez, y después...

—¡Benjamín, ¿la estás escuchando?! —Helena abrió los ojos de par en par—. ¡Esto es el colmo! ¡Se pasó de la raya! ¡Está loca, incluso habla de matar y cometer delitos! Una mujer así solo te va a hundir. ¡Divórciate! ¡Divórciate ahora mismo, ¿me oíste?!

La anciana estaba tan alterada que, tras decir aquello, se llevó una mano al pecho y empezó a jadear en busca de aire.

Parecía a punto de sufrir un infarto.

Benjamín presionó el botón de asistencia y llamó al médico.

Pero Helena agitó la mano y negó:

—No me voy a ir. Si no se divorcian, hoy mismo me muero en este lugar.

Josefina levantó ligeramente las cejas y prosiguió:

—¿Alberto es el único heredero pequeño de la familia Gutiérrez, verdad? ¿A dónde sería un buen lugar para mandarlo? Mejor lo abandono en el extranjero directamente, porque si lo dejo en el país, seguro lo terminan encontrando.

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