Silvia: [¡A la madre! Entendido.]
¡Treinta millones!
Al ser una pieza de edición limitada, podrían incluso venderla a un precio mayor. ¡Silvia nunca en su vida había tenido tanto dinero libre en sus manos! ¡Su mejor amiga era lo máximo!
Josefina se recostó de lado sobre la cama; sentía como si le hubieran drenado toda la energía del cuerpo. De verdad estaba agotada. Cerró los ojos y se sumió en un sueño pesado.
***
En el hospital.
Magdalena, que seguía sin poder salir de su habitación, se consumía por la ansiedad. Benjamín había obligado a Andrés a pedirle disculpas a Josefina; si eso sucedía, la relación entre padre e hija se volvería aún más tensa. Era una verdadera lástima no poder presenciar ese espectáculo en vivo.
Tomó su celular y llamó a Andrés para averiguar qué había pasado.
La voz de él sonaba terriblemente cansada.
—Magda, a tu mamá le dio un ataque al corazón, la acabamos de internar.
—¿Qué? —exclamó Magdalena, fingiendo asombro. Un brillo peculiar atravesó su mirada, pero mantuvo un tono cargado de preocupación—. ¿Cómo fue a pasar eso, papá? ¿Qué ocurrió esta noche?
Andrés soltó un suspiro.
—Jose amenazó con romper todo lazo con la familia. Tu madre no lo soportó y se puso muy mal.
Magdalena se mordió el labio y añadió:
—¿Cómo pudo Jose decir algo así? Eso le rompe el corazón a cualquiera. ¿En qué hospital están? Ahorita mismo voy para allá a verlos.
—No hace falta, quédate descansando —la detuvo Andrés—. Tu madre apenas se quedó dormida, es mejor no molestarla ahorita.
—Está bien, entonces mañana voy sin falta —respondió Magdalena, asumiendo su papel de hija obediente, y cortó la llamada.
Sola en la oscuridad de su cuarto de hospital, se quedó mirando hacia la ventana mientras una sonrisa de satisfacción maliciosa se dibujaba en su rostro.
***
Al día siguiente.
Josefina se arregló temprano y salió directo hacia Grupo Gutiérrez.
Como la empresa de doblaje Río Claro VoiceWorks había sido absorbida, ahora formaba parte de esa gran compañía y sus oficinas se habían mudado al edificio principal.
Rodrigo dio un par de toques en la mesa para llamar la atención.
—Retomando el tema, para estos personajes en específico...
Aunque Benjamín se mantuvo callado, su sola presencia era demasiado intimidante. Al tenerlo ahí, todos sentían que caminaban sobre hielo; los ponía sumamente nerviosos.
Pese a la tensión, la junta fluyó de maravilla, cosa que tomó a Rodrigo por sorpresa.
—Muy bien, tomaremos un receso de media hora y nos vemos en las cabinas de grabación —anunció, dando por terminada la reunión. El equipo comenzó a despejar la sala.
Josefina tomó sus guiones y se puso de pie, pero, al intentar pasar junto a Benjamín, él le bloqueó el paso. Ella lo miró desde arriba y le preguntó:
—¿Se te ofrece algo?
—Vengo a revisar tu herida —respondió Benjamín, sin apartar sus oscuros ojos de ella y hablando con un tono neutro.
Josefina arrugó la cara de inmediato.
—Ya estoy bien. No hay necesidad de revisar nada.
¡Además, estaban en la sala de juntas, a plena vista de las cámaras de seguridad!

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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