Manuel asintió con un gesto leve y luego preguntó:
—¿A qué amigo venías a ver? ¿A la señorita Téllez?
—No —negó Josefina con la cabeza—. No es nadie importante.
Al escuchar eso, la mirada de Manuel brilló un instante detrás de sus lentes, pero no hizo más preguntas.
Abrió la puerta del copiloto y se subió al coche.
Josefina también se subió, se puso el cinturón y arrancó.
Mientras iban en camino, Manuel sacó su celular para contestar unos mensajes y, de repente, la miró.
—Oye, me acuerdo que el juicio de divorcio con Benjamín era por estos días, ¿no? ¿Qué pasó? ¿Ya hay un fallo?
Josefina apretó un poco más el volante.
—No, hubo un contratiempo y pospusieron la audiencia.
—¿Y eso por qué? —preguntó Manuel, extrañado.
—Él tuvo un accidente —dijo Josefina, frunciendo los labios.
Al ver que no tenía muchas ganas de hablar del tema, Manuel entendió perfectamente la situación.
—Entonces, el paciente que venías a visitar es Benjamín.
Josefina soltó un suspiro de resignación.
—Así es.
Manuel fingió más confusión.
—Pero, ¿cómo fue que terminó lastimado de la nada?
Hizo una pausa y su tono se volvió un poco más casual.
—Si mal no recuerdo, él se negaba a firmar el divorcio, ¿verdad?
Al escuchar esto, Josefina frunció el ceño. No pudo evitar empezar a darle vueltas al asunto.
Era verdad que él no quería divorciarse.
Incluso le había dicho que tenía mil formas de evitar que el juez abriera el caso.
Entonces, lo que había pasado...
¡No!
¡No podía pensar eso!
Habían sido balas de verdad.
Por mucho que él quisiera retrasar el juicio, no llegaría al extremo de hacer algo tan arriesgado. Además, él ni siquiera sabía de antemano que Jimena iba a llevarse a su abuela.
Qué cosas...
***
De vuelta en el hospital, la abuela estaba viendo su telenovela.
—Abuela.
Josefina se acercó, se sentó al borde de la cama y le tomó la mano.
La anciana le preguntó con preocupación:
—¿Qué pasó? ¿Pudiste arreglar todo?
—No te preocupes —le sonrió Josefina—. Me has ayudado muchísimo. Sería el colmo que yo no pudiera encargarme de esto, sería una inútil.
La abuela sonrió con ternura y le acarició la cabeza.
—No importa lo que hagas, lo más importante es que siempre te cuides.
—Sí, ya sé.
Josefina se recargó en el brazo de su abuela. Después de un rato de silencio, le preguntó:
—Abuela, ¿estás triste por lo que pasó?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
Alguna forma de leer gratis?????...