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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 316

Teresa suspiró, tomó su mano y le habló con tono reconfortado.

Josefina soltó su mano.

—Señora Gutiérrez, ¿se le ofrece algo más? —preguntó con frialdad.

A Teresa no le sentó muy bien esa actitud tan fría, pero solo frunció un poco el ceño.

—Ya me voy —dijo—. Regresa a hacerle compañía a tu abuela.

Josefina se dio la media vuelta y se fue.

Teresa la vio alejarse, con una evidente molestia en la mirada.

Sin embargo, al pensar que muy pronto dejaría a la familia Gutiérrez, sintió como si le quitaran un peso de encima.

***

Benjamín no dejaba de mandarle mensajes desde distintos números, como si fuera un estafador o un acosador, lo cual ya tenía harta a Josefina.

Sin embargo, al recordar lo que le había platicado Teresa, pensó que tal vez debería seguirle el juego a Benjamín un rato más.

Al fin y al cabo, si quería que Benjamín y Magdalena terminaran juntos, tenía que hacer que él bajara la guardia.

Vio entrar un nuevo mensaje. Bajó la mirada, ocultando sus verdaderas intenciones.

[Jose, me duele la herida. ¿Vienes a verme?]

Ella agarró su celular, lo puso boca abajo sobre el escritorio y siguió con lo suyo.

Josefina no pensaba responderle en absoluto.

En otro hospital.

Benjamín se estaba recuperando bastante rápido de sus heridas; las costras de su hombro ya estaban a punto de caerse. Al ver que seguía sin recibir respuesta, frunció el ceño con frustración.

En ese momento, se escuchó que alguien tocaba la puerta.

Valentín entró a la habitación.

Benjamín levantó la vista para mirarlo.

—¿Qué pasó?

Valentín, con el semblante bastante serio, le entregó una carpeta.

—Jefe, conseguí información sobre los clientes de ese grupo de sicarios extranjeros. Ahí viene el registro de transacciones de esos dos. Quien les asignó el trabajo lo hizo de forma anónima, pero logramos rastrear la IP: salió de Senda BioTech. Resulta que Emiliano ha estado trabajando en esa misma empresa todos estos años en el extranjero.

Benjamín hojeó los documentos, y su rostro se volvió tenso y frío.

Valentín asintió y salió de la habitación.

Apenas se había ido cuando empezó a sonar el celular de Benjamín. Era una llamada de Teresa.

—Bueno, mamá.

—Benjamín, en una semana es el aniversario luctuoso de Diego. Cuando termines en el panteón, vente a la casa —le dijo Teresa con voz suave.

Benjamín asintió.

—Sale, ahí estaré.

El tono de Teresa se volvió un poco más triste.

—Parece que fue ayer, pero ya pasaron cuatro años desde que Diego nos dejó. Alberto ya tiene más de tres añitos y ni siquiera sabe cómo era su papá.

—Entonces llévalo al panteón esta vez —sugirió él.

—Mejor nos esperamos otro rato —respondió Teresa—. Ya que esté más grande y entienda mejor las cosas, le platicamos lo de Diego.

—Bueno, como tú veas.

A Benjamín la verdad no le importaban mucho esos detalles.

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