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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 340

Josefina sintió que le daban ganas de reír ante la situación.

—Tampoco es el fin del mundo, amiga. ¿De qué te disculpas?

Silvia titubeó un momento antes de confesar:

—Es que... más que nada, ya tenía armado todo mi discurso para poner en su lugar a Benjamín. Y me da coraje no poder decirle sus verdades, por eso siento feo.

Josefina se quedó muda ante tal nivel de honestidad.

Sin mediar palabra, le cortó la llamada.

Manuel notó la mueca extraña en el rostro de la chica y preguntó, divertido:

—¿Pasó algo chistoso?

—Nada del otro mundo —respondió Josefina moviendo la cabeza. Pero, justo en ese segundo de distracción, ¡una chica salió corriendo de la nada y se estrelló de lleno contra el coche!

Josefina frenó en seco; sin embargo, el impacto fue tal que la joven cayó al suelo rodando un par de veces por el pavimento.

El repentino incidente provocó que a Josefina se le detuviera el corazón del susto.

El semblante de Manuel se tornó más serio y la tranquilizó al instante:

—No te asustes, tienes cámara en el parabrisas. Con eso no podrá sacarte dinero si está fingiendo.

Dicho eso, Manuel bajó del auto y se acercó para revisar cómo se encontraba la joven atropellada.

La muchacha, que apenas rozaba los dieciocho o diecinueve años, presentaba raspones en los brazos y las piernas; además de que traía el pelo enmarañado. A pesar de todo, se notaba desesperada por levantarse e irse.

Josefina, tras bajar de prisa, frunció el ceño con preocupación y le preguntó:

—Oye, ¿te encuentras bien?

Pero la chica negó agitadamente con la cabeza, contestando de forma errática:

—No pasa nada, estoy bien... No me les atravesé a propósito, no quiero que me paguen nada. Llevo prisa, con permiso.

Con mucho esfuerzo logró ponerse en pie y, cojeando, intentó alejarse del sitio. Desafortunadamente, antes de dar el tercer paso, sus rodillas cedieron y terminó colapsando en la acera.

Josefina se acercó de un salto; en efecto, la joven había perdido el conocimiento.

Fue en ese momento que se dio cuenta de lo frágil que se veía la chica, ostentaba una palidez casi fantasmal y parecía desnutrida.

Al instante, sacó su celular y llamó al 911.

A la chica se le había fracturado una pierna a consecuencia del golpe, pero fuera de eso no tenía heridas de gravedad, lo cual le devolvió el alma al cuerpo a Josefina.

Con todo aquel relajo, el tiempo voló y ya pasaban de las diez de la mañana.

Justo cuando Manuel trataba de consolar a la joven angustiada, el celular le vibró.

—Bueno... perfecto, voy para allá de inmediato.

Guardó su teléfono, soltó un ligero suspiro y le dijo con resignación a Josefina:

A Josefina se le frunció la frente y objetó de forma tajante:

—Ayer a él se le hizo tarde tres horas, y yo no le anduve reclamando nada, ¿verdad?

—El director Gutiérrez tuvo unos problemas de fuerza mayor en el corporativo —se excusó Valentín en tono diplomático.

—Yo también tuve contratiempos, pero con todo y todo ayer me tragué mi coraje esperándolo por tres horas enteras. ¿Dónde se metió ese cobarde? —espetó Josefina.

—El tiempo del director Gutiérrez vale oro, así que se marchó —replicó Valentín, manteniendo su aire distante—. Antes de irse me ordenó quedarme a esperarla, para comunicarle que la cita se pasó para mañana a las nueve. Además, si volvía a llegar tarde, asumiría que ya se había echado para atrás con el tema del divorcio.

¡Hágame el rechingado favor!

Josefina soltó una carcajada amarga porque no se creía el descaro.

¡Si el único que quería darle largas a la firma de los papeles era él!

¡Qué huevazos tenía de mandarle ese recadito, haciéndose el muy digno!

Josefina lo acorraló, iracunda:

—¿En dónde diablos se metió ahorita?

Valentín, impertérrito, le informó:

—El director Gutiérrez se fue a una junta a la empresa.

—Va. Voy a esperar a que termine su bendita junta y regresamos acá a firmar; el maldito Registro no cierra en toda la tarde —gritó ella. Pegando un portazo, volvió a subirse al vehículo.

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