Entrar Via

La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 339

—¿Qué rollo con esta chava? Quedamos a las ocho, es un asco de impuntual. —Julián masculló mientras se daba la vuelta y salía de la cafetería.

Sin embargo, regresó al rato. Con el celular en la mano, clavó sus ojillos de nuevo en Josefina y soltó de sopetón:

—Oiga, señorita, ¿cómo se llama? ¿Cuántos años tiene? ¿De dónde es? ¿Qué le parece si nos conocemos mejor? Desde que la vi sentí que hacíamos muy bonita pareja.

Josefina se quedó muda, estupefacta ante su atrevimiento.

¿Quién iba a pensar que el sujeto tendría el descaro de regresar para tirarle la onda a ella?

Manuel se interpuso rápidamente entre los dos para escudar a Josefina, y le advirtió firme:

—La señorita viene a reunirse conmigo.

Julián lo barrió con la mirada de arriba a abajo y bufó con desprecio:

—¿Y tú qué te crees, dueño de esta cafetería de cuarta? ¡Te aviso que yo puedo comprar diez locales como este!

Manuel mantuvo la sonrisa tranquila y le contestó:

—La señorita y yo ni siquiera hemos empezado a platicar. Así que, amigo, si quieres hablar con ella, fórmate.

Julián no tuvo más remedio que tragar saliva y marcharse de mal humor.

Manuel tomó asiento frente a Josefina, con los ojos brillando de diversión, y comentó:

—Me quedó claro que venías a acompañar a la señorita Téllez a una cita a ciegas.

Josefina asintió y confesó:

—Así es. Quién se imaginaría que nos toparíamos con alguien tan... peculiar.

Hizo una pausa y añadió:

—Por cierto, gracias por sacarme de ese apuro hace rato.

Manuel le respondió de manera afable:

—No hay de qué. De hecho, igual y sí podemos platicar un rato.

—¿De qué?

Josefina se quedó algo desconcertada.

Manuel fue directo al grano:

—¿Para cuándo tienen su próxima audiencia de divorcio tú y el director Gutiérrez?

A Josefina le sacó un poco de onda la pregunta tan directa, pero contestó de todas formas:

—Lo más seguro es que no lleguemos a juicio. Hoy mismo firmaremos todo en el Registro Civil.

Manuel alzó las cejas, sorprendido.

—¿Vas para allá? —Josefina parpadeó, extrañada.

Manuel asintió y explicó con tono suave:

—Soy el director de una fundación de rescate animal y necesito ir al municipio a entregar unos oficios.

Los ojos de Josefina se iluminaron de inmediato.

—¿También te dedicas a rescatar animalitos callejeros?

—Sí. —En la mirada de Manuel se reflejó una profunda compasión—. Si no los ayudamos, acaban muriendo en las calles; es una situación muy triste.

Levantó la vista hacia ella y agregó:

—Tengo una propiedad alejada donde resguardo a todos los animales que rescato. Si algún día te interesa, puedo llevarte a que los conozcas.

Josefina sintió una oleada de admiración, y le sonrió sinceramente.

—Cuando haya chance, ten por seguro que aceptaré la invitación.

Ambos se levantaron de la mesa, salieron juntos de la cafetería y arrancaron en el coche rumbo al ayuntamiento para ir al Registro Civil.

A medio camino, el celular de Josefina empezó a sonar; al revisar la pantalla, vio que era Silvia.

—Ay, Jose, me acabo de acordar que prometí acompañarte a tu divorcio, pero ya llegué a mi casa, ¡no manches! Discúlpame un montón, no te podré acompañar —le dijo Silvia con tono avergonzado, aunque sonaba bastante arrepentida por otra razón.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte