Josefina sintió coraje, pero no era el momento de clavarse en eso. Miró a Benjamín con ojos gélidos y le dijo:
—Eso no importa. Acompáñame al Registro Civil ahora mismo.
Benjamín le lanzó una mirada helada a Valentín, le murmuró un par de cosas a la persona a su lado y luego caminó directo hacia su oficina.
La ignoró por completo.
Su expresión se volvió aún más sombría, y sin pensarlo, lo siguió al interior de la oficina.
—¿Qué te pasa, Benjamín? ¿Acaso te vas a echar para atrás otra vez?
Le reclamó en cuanto se cerró la puerta.
Benjamín tomó la taza de café que estaba en el escritorio, le dio un sorbo y luego levantó la vista. Sus profundos ojos oscuros la miraron sin la más mínima pizca de calidez.
—¿No irás a pensar que estoy posponiendo el trámite a propósito porque sigo interesado en ti, verdad?
Josefina sintió de pronto un nudo inexplicable en el pecho, pero levantó una ceja y le regresó la pregunta:
—¿Y a poco no? Yo pude esperarte tres horas ayer, ¿por qué tú no podías esperarme un ratito más hoy?
—Mi tiempo es muy valioso —respondió Benjamín.
Josefina soltó una risa sarcástica.
—Entonces, dígame, señor director Gutiérrez, dueño de tan valioso tiempo, ¿ahora sí tiene un hueco para ir a firmar el divorcio?
Benjamín caminó hacia ella paso a paso. Su alta figura desprendía ese aroma que ella conocía tan bien y, a medida que se acercaba, la fue envolviendo poco a poco.
Ella lo observó con una expresión tranquila.
—Es imposible que yo siga interesado en una persona que ya me ha empujado a los brazos de otras mujeres tantas veces —dijo Benjamín con un tono suave, deteniéndose justo frente a ella.
—¿Entonces qué tanto alegas? —replicó Josefina.
—El detalle es que ahorita no tengo tiempo —respondió Benjamín sin inmutarse—. Me voy de viaje de negocios enseguida; regreso en una semana.
Un destello de furia apareció en los ojos brillantes de Josefina.
—Tú...
Pero antes de que ella pudiera soltar el reclamo, él se le adelantó:
—Al fin y al cabo, estuve hospitalizado mucho tiempo por la herida y se me atrasó bastante el trabajo. Tengo que resolver todo eso primero.
Josefina se quedó callada.
Los oscuros ojos de Benjamín la miraron fijamente, captando cada pequeño cambio en su expresión.
—Supongo que no tienes tanta prisa por volverte a casar, ¿verdad? Si no urge, entonces lo arreglamos cuando regrese.
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Comentarios
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