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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 350

Manuel deslizó el teléfono por la mesa hasta dejarlo frente a ella.

—Uno de los locales se encargaba de sacar fotos de los apoyos que se entregaban. Tiene algunas imágenes guardadas, y entre ellas, hay una de Magdalena cargando a Benjamín fuera de los escombros.

La primera foto que le mostró fue precisamente esa.

Josefina sintió un nudo en la garganta y la sangre se le heló, borrándole todo rastro de color de la cara. Una mezcla de pavor y asombro la invadió.

Tomó el celular y revisó la imagen con detenimiento. Efectivamente, era la misma que Benjamín le había enseñado.

Así que... era cierto. La persona que rescató a Benjamín había sido verdaderamente Magdalena.

Pero entonces... ¿qué había pasado con ella? ¿A quién diablos había rescatado?

Levantó la mirada con desesperación hacia el hombre y, con la voz entrecortada, soltó:

—Pero yo me acuerdo perfecto. Fui yo la que lo salvó...

—Tranquilízate —intervino Manuel rápidamente, al verla tan pálida y alterada.

Pasó a la siguiente imagen.

En la foto, se podía ver a una Josefina joven y cansada, cargando en la espalda a un muchacho, saliendo de una casa en ruinas. La cámara había logrado captar el perfil del joven.

Se parecía muchísimo a Benjamín, pero... ¡no era él!

Josefina abrió los ojos de par en par. Agarró el celular con ambas manos, hizo zoom a la pantalla y estudió minuciosamente el perfil del muchacho.

El chico estaba desmayado, con los brazos cayendo a los lados, sin fuerza alguna, mientras ella avanzaba arrastrando los pies para sacarlo del derrumbe. La cámara había capturado a la perfección esa escena y, sobre todo, los rasgos claros de aquel chico.

—Él... él es... —Josefina balbuceó, aturdida. Después de un buen rato, logró articular—: ¿Diego?

—Así es.

Manuel cambió la imagen de nuevo y apareció una foto más reciente de Diego. Llevaba puesto un uniforme escolar, tenía una mirada llena de vida hacia la cámara, sujetaba un trofeo con las manos y sonreía ligeramente. Lucía apuesto y amable.

—Me puse a investigar fotos de Diego de la época de la prepa para compararlas. Sin duda, son la misma persona —declaró, mirándola directamente a los ojos—. Tú sí le salvaste la vida a alguien ese día, el único detalle es que no fue a Benjamín, sino a Diego.

Le entregó de vuelta el dispositivo.

—También supe que Benjamín fue el que les dio un buen fajo de billetes para taparles la boca. Estaba estrictamente prohibido que le contaran del tema a cualquier extraño que llegara preguntando, pero, ya sabes, con maña pude sacarles la información —añadió el hombre.

Josefina dejó salir el aire que tenía atorado en los pulmones.

—Y vaya que ya me quedó bastante claro.

—La verdadera pregunta es, ¿con qué intención hizo algo así? —indagó Manuel, verbalizando justamente lo que ella pensaba.

Josefina hizo un gesto de resignación.

—Ni idea.

Manuel la observó durante varios segundos y, en tono serio, concluyó:

—Pensé que al descubrir la verdad te ibas a sentir aliviada, pero parece que no ayudó mucho. A todo esto, ¿te pasó algo malo antes de llegar aquí?

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